jueves, 26 de diciembre de 2019

libros leídos en diciembre




A primeros de año, mi hijo y yo empleamos a nuestro cochinito de barro como hucha de lectura. Cada libro leído por él serían dos monedas de 50 céntimos, acordamos. Cada libro leído por mí, equivaldría a un euro. Y cada lectura conjunta sumaría dos euros.

¡Ha llegado el momento de hacer recuento y de empezar a redactar nuestra lista de libros que queremos comprar para el próximo año!


1.- El mapa del tiempo, de Félix J. Palma.


Este libro ha dado para cuatro sesiones de debate en el club de lectura de Cúllar Vega.  Casi a punto de terminarlo, nos enteramos de que se trataba del primer tomo de la llamada Trilogía Victoriana. Las reacciones entre mis compañeras fueron muy curiosas... Pero me centro en este primer tomo.

Se trata de una novela detectivesca que gira en torno al escritor H.G. Wells, considerado el padre de la ciencia ficción, y que homenajea toda su obra. Me parece muy acertado y divertido lo que se explica en torno al mundo de la escritura de la época. Henley, el editor, accede a publicar sus novelitas de romance científico –como se catalogaban por entonces–, pero le sermonea para que madure y escriba libros de provecho; auténtica literatura. El oficio de escribir no ha cambiado en modo alguno, tan solo los precedentes sembrados en su momento han conseguido que la oferta editorial sea lo suficientemente amplia como para que los que escribimos género fantástico, lo hagamos sin miedo a esos sermones.

Podríamos haber presenciado la enésima revolución del steampunk, de haber sido Jules Verne el protagonista del libro, pero el autor gaditano ha querido alejarse un poco del cientifismo puro para acercarse más al contenido ideológico y a la crítica social propuesta por Wells.


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Me encanta el punto de vista bajo el que se retratan los fenómenos sociales de finales del siglo XIX, con un toque cómico a nuestros ojos, claro, pero con una clara loa a todo lo revuelto y convulso de aquellos años en los que todo era posible: despuntaban los inventos, los descubrimientos, las expediciones por los lugares más recónditos del mundo, así como los charlatanes, los embaucadores y los buscavidas que buscaban el pelotazo perfecto para cambiar de estatus social y conseguir alcanzar sus sueños. Muy sonada, en especial, es la confrontación entre las ciencias y la imaginación. Hay ideas de todo tipo, tantas como traumas y complejos albergan sus ideólogos.

No podía faltar, tampoco, un exhaustivo repaso por todo el bestiario de la época, desde Jack el Destripador hasta el hombre elefante.

El narrador omniscente ofrece una narración cinematográfica que facilita todos esos saltos de escenario y, sobre todo, los saltos en el tiempo. La trama, con todas sus subtramas, juega al despiste hasta la última página, con un constante vaivén de jugadas, por parte de cada personaje. La manera en que unos juegan a engañar a otros o se abandonan a creer en lo que más les fascina, el romanticismo poético, el análisis al detalle de cada situación y los arranques pasionales, son algunas de las características de la época que mejor se plasman.

En cuanto a las personas se les da a elegir entre disfrutar de su triunfo en el momento presente o pasar a la posteridad por algún hecho significativo, el deseo de trascender toma unos vericuetos muy elaborados.


2.- La mujer del capitán, de Antonio Funes Delgado.


Antonio Funes vino una tarde al Club de las Letras de Santa Fe a presentar esta novela autoeditada y me cautivó. No le conocía como autor y ese desconocimiento hizo que me llevase la sorpresa de la semana, pues con unas muestras breves de su narrativa, me encandiló la naturalidad con la que es capaz de retratar cualquier escena.

Su novela ha sido un revés para cada lado. Visceral y cruda, narra en primera persona la vida de una mujer centenaria, a las puertas de la muerte, que hace un repaso de todas las gestas y todos los golpes que la vida le ha dado. Esas tres heridas de las que hablara el poeta Hernández: Amor, Vida y Muerte.

Me conmueve la voz femenina; cómo evoluciona desde principios del siglo XX hasta nuestros días, así como las lecciones de historia nacional, todas esas cápsulas que no nos explicaron los maestros en nuestros años mozos. El retrato social es de una brutalidad descorazonadora y la crítica, desde la sabiduría que otorga el contemplar el pasado en perspectiva desde el presente, apurada y concienzuda.


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Me gusta también ese amor por su Granada que rezuma la protagonista a cada página, esa inclusión de personajes universales y emblemáticos como Fray Leopoldo, Carlos Cano y Federico García Lorca. Del mismo modo, retrata con amor la estancia en Barcelona y también rinde homenaje a Joan Manuel Serrat.

En tanto en cuanto retrato biográfico, la protagonista alterna la narrativa con los versos propios, las cartas y los retazos de cultura, como si de un diario se tratase. Si bien es cierto que el texto presenta alguna que otra errata, me consta que el autor está revisando el texto de manera exhaustiva antes de sacar la siguiente tirada.


3.- «Páginas en blanco», de Patricia Moreno Raya.


Esta autora, a la que conocí el año pasado y a la que le voy siguiendo el rastro de cerca, presentó este poemario en La Qarmita de Granada. Explicó sus andanzas editoriales y cómo la experiencia la ha llevado a prescindir en esta obra del respaldo editorial para lanzarse a la aventura por su cuenta y riesgo.


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Me llamó la atención lo que explicó de su nueva obra y me sentí bastante reflejada en su proceso creativo. La composición de los poemas se fue sucediendo, hasta que encontró un título adecuado –en un momento dado de su vida–, entonces lo presentó a un concurso y quedó finalista. Al cabo de un tiempo, lo remodeló, volvió a cambiarle el título y repitió experiencia y resultado en otro certamen. Ha sido ahora, tras una experiencia vital contundente, cuando Patricia ha puesto punto final a ese proceso, le ha dado a sus textos la forma que necesitaba y ha encontrado el título definitivo.

Bien podría subtitularse Diario de una ruptura. Versos sueltos y composiciones breves sin título se suceden para dar forma a una estructura dividida en dos partes, donde se prioriza la contundencia del romper con la voluntad del recomponer.


4.- Del color de la leche, de Nell Leyshon. Traducción de Mariano Peyrou. Prólogo de Valeria Luiselli.


Esta ha sido la breve novela –para compensar– del mes en el club de lectura de Cúllar Vega.

Qué barbaridad. Precisa, contundente, bestial. Mary, la menor de cuatro hermanas, es una granjera que obedece a su padre, un hombre frustrado por no haber tenido hijos, quien obliga a sus hijas a trabajar de sol a sol, y a las que no les da tregua ni por ser cojas ni por estar embarazadas.

La noticia de que el vicario está dispuesto a pagar un sueldo al hombre por emplear en su hogar a Mary es el arma de doble filo que decanta toda la trama. El retrato social de la Inglaterra rural de 1830 es soberbio, con toda su crítica explícita sobre la dominación y la opresión de manos de un personaje femenino tan ingenioso como acorralado. Una de esas voces anónimas y silenciadas, capaces de sentar un precedente desde la más desfavorecida de las posiciones.


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Lo que más me gusta es  la manera en la que está redactado el texto, en consonancia con el personaje que narra su vida en primera persona, como si realmente fuese esa pastora que acaba de aprender a leer –algo que le ha costado caro– y que ejerce la recién descubierta capacidad de la escritura como método de denuncia y resistencia. Sin mayúsculas, con párrafos aleatorios, sin ningún tipo de floritura más que la aguda inteligencia de la joven.


5.- Queer, de William S. Burroughs. Traducción de Mariano Casas.


Esta ha sido la lectura propuesta por el Club de Lectura Feminista y LGTBI «Lees Otras Cosas» y debo decir que no me ha sorprendido que las compañeras que asistieron al debate reconocieron no haber leído el libro, haberlo leído por encima o abandonar la lectura a las pocas páginas.

Reconozco que Bill Lee, el protagonista, es muy franco a la hora de expresarse y va directo al grano. Parece ser un tipo práctico, interesado y desequilibrado. Por una parte, está intentando superar el síndrome de abstinencia del caballo, lo cual se resuelve en su viaje por Sudamérica en busca de la ayahuasca. Por otra, narra los intentos de arrimarse a todo hombre con el que se cruza, hasta que se obsesiona con el joven Gene Allerton y solo tiene ojos para él.




Busca su atención y el acercamiento a toda costa; el contacto, el reconocimiento. Busca hacerle dependiente de él, impresionarle con todas sus historias inventadas, con su superioridad económica, con sus tretas de perro viejo. Aunque en el fondo sabe que, aunque a ratos parece que juega a ser su muso o algo parecido a un compañero, no tiene nada que hacer con él.

Me gusta el concepto de crear un alter ego y explicar lo más traumático de tu vida –sin mencionarlo– para exorcizar al demonio. En tercera persona, además, para intentar alejar los hechos o verlos desde fuera. No es que sea novedoso, desde luego. Es un recurso como cualquier otro.

 Lo que prima en este clásico de la literatura norteamericana no es la intención de resultar original, sino la necesidad de ser honesto. Si hubiese leído esta novela breve, tan sórdida y realista, hace veinte años, seguro que no habría entendido la mitad. Y si el mismo autor no hubiese tenido la deferencia de escribir una introducción explicando las claves del personaje, dada su condición de drogadicto que arrastra un trauma, y de su obsesión con la telepatía y la entidad poseedora, también se me hubiesen escapado unos cuantos detalles.


6.- El otro barrio, de Elvira Lindo.


Este libro es el que nos ha tocado leer en el Club de las Letras de Santa Fe. También un texto breve, para compensar el mes anterior.

Me encanta cuando esta mujer dice que ha escrito una obra no humorística. De verdad, es para aplaudirla porque, aunque no lo pretenda, el ramalazo cómico le sale con una facilidad impresionante. Todo está impregnado de humor, más evidente o más sutil, desde los hechos de los que se acusa al joven Ramón hasta el modo en que la trama se va resolviendo.


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Los personajes son entrañables. Desde Vicente, el asistente, que sacrifica la Nochebuena en pareja con tal de no dejar desamparado al jovenzuelo Aníbal, hasta Gloria, otra víctima atroz de sus circunstancias quien, por su condición femenina, se vio obligada a callar y tragar con la decisión que no pudo tomar por sí misma.

Muy bueno cómo juega con las expectativas del lector, dando unas pistas que nunca se revelan, o revelando detalles que no pensábamos que fuesen significativos, y con los dobles sentidos. Muestra de ello son el apellido Fortuna y la expresión que da título a esta novela breve. Esos personajes que, sin estar, son tan decisivos para ayudar a un chaval tan desamparado como desprotegido a elegir su propio camino en la vida y a ser consecuente con sus actos.


7.- Coños como el de Marta, de Diana Aller.


Este libro ha sido una donación de OVNI Bazar Bizarro al Club de Lectura Feminista y LGTBI «Lees Otras Cosas», para nuestro fondo bibliotecario.

El título comercial y la cubierta de andar por casa ya me echaban hacia atrás. Pero la maquetación desestructurada y la tipografía mal calibrada me han tenido al borde de claudicar en varias ocasiones. Si a eso le sumamos que no se trata de una novela –por mucho que los colaboradores amigos de la autora se empeñen en decir que sí–, sino de una especie de autobiografía en la que no sucede absolutamente nada y el resto de personajes, todos planos, se manifiestan con el claro objetivo de servir de cabeza de turco de la protagonista, el mal sabor de boca que se me ha quedado es descomunal.

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No me gusta dejar los libros a medias, porque siempre encuentro algo bueno a destacar. En este caso, me han llamado la atención las escenas de sexo entre Marta y Valeria, así como la manera en que habla de la maternidad. Hay algunas descripciones y algunos pasajes que me han hecho reflexionar a fondo. Sin embargo, el resto del libro me ha resultado un compendio de críticas y opiniones, de análisis exhaustivo de lo inmediato sin nudo ni trama. Digamos que empieza bien y acaba bien.

Qué curioso. Llegando al final he recordado que una vez tuve una amiga, llamada Marta, que quería estudiar bioquímica y que hizo lo posible por convencerme para que estudiase con ella. Creo que me lo llegué a plantear, aunque en ningún momento tuve demasiado claro qué era exactamente. Con lo que me ha enseñado Valeria sobre drogas y cócteles hormonales, no obstante, ya me he puesto al día.



Esto es todo. ¡Gracias por pasarte a leer! Que pases unas felices fiestas y que recibas el año nuevo con ilusión. Te espero el 10 de enero para contarte novedades.

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