sábado, 1 de marzo de 2014

¡Cuánto tiempo!

El jueves 27 de febrero, Fernando Gómez Mancha visitó su ciudad de origen. Y aunque debía atender sus quehaceres, me reservó un par de horas. Me propuso quedar en su amada cafetería El Tren, de la que guarda un hermoso recuerdo, allá por su época de estudiante.


Charlamos sobre su última novela, "37 lápices de grafito" y sobre la presentación inminente de "La ley de las entrañas". Intercambiamos confidencias sobre nuestras rutinas, nuestras predilecciones artísticas y el origen de los estímulos que nos llevaron a dedicarnos a la literatura. Hace dos años y medio que nos conocimos y que nos vimos por última vez, de modo que nuestro tiempo para compartir el café se nos esfumó de manera endemoniada.


Deseándonos lo mejor el uno al otro en la carrera de las letras, mi colega tuvo el detalle de regalarme un ejemplar de su novela "El cuerpo desobediente" traducida al italiano. Una de esas preciosas rarezas que pocas veces caen en unas manos ávidas de nuevas emociones... ¡Muchas gracias por todo, Fernando!