martes, 10 de diciembre de 2019

Sintomatología de la perdición




Como ya debes saber por las discontinuas y raras pistas que voy dando, acabo de publicar un poemario ilustrado. Ediciones Algorfa se ha encargado de hacerlo posible, tras tantos meses de dedicación y, pese a la de veces que lo he visualizado, todavía me resulta extraño tenerlo en mis manos, hojearlo, repasar mis credos.




Ha llegado el momento de contar cómo surgió la idea:

El ciclo de la perdición es un juego continuo, como la vida. Cada persona va perdiendo dones, bienes, jugadas, personas afines... Da igual que haya o no una apuesta por medio; se pierde de manera inesperada, desmerecida y no premeditada.

Así se pierde la juventud, se pierden oportunidades, se pierden el sentido, las ganas, el idealismo, el pavo. Y una pudiera pensar que esto es un declive continuo, relacionado con el paso del tiempo, pero no. Por cada pérdida, hay más de una ganancia. Lo que pasa es que tendemos al coleccionismo y cada pérdida se hace más notoria y dolorosa.

Yo perdí el oído y gané la terquedad de esforzarme. Perdí la virtud para dibujar al hacerme adulta y gané tiempo para dedicarle a la escritura. Perdí la motivación para cantar y gané en precisión para centrar mis objetivos. Perdí mi trabajo y gané el estatus de señora mantenida. Perdí el respeto al otoño y me gané un soberano resfriado (y, con él, la oportunidad de ralentizar mi ritmo). Perdí peso, gané agilidad. Perdí credulidad, gané en intuición. Y cuando perdí la paciencia, recuperé el control. La vida es un juego, insisto. Posiblemente injusto, aunque emocionante.

Al final, lo que pasa es que una se vuelve observadora y aprende a desentrañar el mecanismo que la rige. La gracia no está en asumir las pérdidas y cuantificar las ganancias, sino en mantener el equilibrio sobre la balanza. Cada vez que una situación inesperada te aborda, te reta a que la afrontes o la sobrelleves. Es un mecanismo circular.

Cada tira y afloja, desgasta. Cada caída de bruces es un reinicio. Cada prueba superada es una cicatriz en el alma. Cada cosa que das por supuesta es una hostia al sentido común. Cada vez que te conformas con lo que tienes, echas una cerradura mental y, a la vez, tu capacidad de adaptación habla bien de ti.


Debería explicar, también, cómo llegué hasta aquí...

No sé cómo pero, de repente, sentí que regresaba mi habilidad de representar de manera gráfica mis inquietudes. Si bien en una faceta más simbólica, desconocida para mí, acostumbrada como estaba a dibujar caras, cuerpos y entornos, desde pequeña.

Por otra parte, dentro de mi variada producción en la que predominan el relato y la novela en todos sus formatos, la poesía es una pieza clave, una constante que está ahí, que brota cuando me excedo con mis personajes y que me obliga a plasmar mi interior. Una necesidad, al fin y al cabo, como cualquier otra necesidad física o emocional.

Y en pleno proceso de acometer un poema cada vez que me subía la fiebre, empecé a crear piezas y almacenarlas. A revisarlas y modificarlas de vez en cuando. A discriminar algunas de ellas y a incluir otras que iban apareciendo nuevas. Hasta que, tras el consabido tiempo de reposo, descubrí el nexo entre todos los textos. Como un acertijo, acentuado por mi desordenada manera de escribir, me planteé dónde empezaba la historia, qué contaba y cómo terminaba. Y ahí descubrí ese mecanismo circular por partida doble, pues, mientras seleccionaba y trabajaba mis poemas, dibujaba y agrupaba los textos con las ilustraciones.

Descubrí en qué sentido giraba el círculo en cada malestar, en cada duelo y en cada desengaño; en cada escalón subido y bajado y en cada evolución; en cada avance y en cada retroceso. En cada renuncia. Así experimenté el consuelo del equilibrio. Porque perder no es quedarse vacío. Perder es ganar altura.


La imagen puede contener: Erika Cipré, interior
Presentación y recital en el pub La Sal de Granada.


Para llegar hasta aquí he tenido que perder gran parte del malestar que me ha invadido por dentro durante años. Lo he vomitado, lo he simbolizado, lo he canalizado, lo he trabajado hasta transformarlo en algo útil. A cambio, he ganado en bienestar y en experiencia. Cada día estoy más cerca de donde quiero estar.


Te espero el viernes en Santa Fe. Estaré hablando con la escritora y periodista Chus Sánchez sobre la importancia de tener referentes femeninos y de visibilizar a las mujeres que han escrito un trozo del pasado para que nosotras podamos disfrutarlo y mejorarlo.


¡Esto es todo! En diez días te contaré nuestra conversación.
Gracias por pasarte a leer.






viernes, 29 de noviembre de 2019

Libros leídos en noviembre




¡A las buenas lecturas! Este ha sido el mes de las historias feministas, del repaso concienzudo al siglo XIX, de ser consciente de aprender mientras leo. Se me han juntado textos que han cruzado la misma temática pese a tener diferentes ambientaciones.


1.- «Fernweh: rumbo a lo desconocido», de Literup Ediciones. Ilustración de portada de Libertad Delgado.

Este libro de relatos en clave de terror, fantasía y ciencia ficción me lo trajeron mis colegas de AutoraZ del Celsius, convenientemente firmado y dedicado por la mayoría de autores participantes, incluyendo a la portadista. Ni qué decir tiene que el detalle ha sido precioso, pero la edición también es una preciosidad.

No hay descripción de la foto disponible.

Una no se da cuenta de hasta qué punto las personas creativas estamos preocupadas por la crisis climática hasta que lee una antología cuya premisa es plasmar «la nostalgia por querer descubrir el mundo, por salir de nuestra zona de confort». Prácticamente la totalidad de los textos hace referencia a un planeta devastado del que huir o con una climatología llevada al extremo. Y eso es lo que más me llama la atención.

Vi por twitter, en su momento, la convocatoria para participar y reconozco que, al principio, el concepto fernweh –una palabra alemana que significa «dolor por lo lejano»–, por mucho que se explicara, me dejaba con un sabor extraño. No de indiferencia, sino de no saber por dónde cogerlo (también por motivos de dislexia). Ahora sí lo he entendido. Aunque algunas temáticas ya las tengo un poco rodadas, en general me han parecido unos relatos con mucho trasfondo, con infinidad de segundas lecturas, sorprendentes por la clave de humor o terror inesperada y, sobre todo, un inevitable anticipo de la que nos está cayendo.



2.- Feminismo en el Islam. Convergencias laicas y religiosas, de Margot Badran. Traducción de Tania Arias.

Esta ha sido la propuesta más votada del mes en el Club de Lectura Feminista y LGTBI «Lees Otras Cosas». De hecho, ha disparado el índice histórico de participación en nuestros debates. Cuando tuve el libro en mis manos, lo primero que pensé fue que en occidente no tenemos la menor idea de qué implica ser feminista en el ámbito islámico. Y luego supuse que el feminismo en la cultura islámica seguramente estaría enfocado de una manera diferente que en Europa. En efecto, así es. El texto se hace un poco repetitivo a veces, porque está compuesto de fragmentos de varios estudios. Sin embargo, eso ha hecho que entienda las cuestiones que se plantean desde varios enfoques.

 

Se trata de una obra que engloba algunos artículos seleccionados sobre el feminismo en Egipto y en otras sociedades musulmanas que la autora ha ido escribiendo desde la década de los 80 y que ya aparecieron, en su momento, en diferentes publicaciones, más un artículo inédito a fecha de 2012. Un ensayo muy nutrido a lo largo de su trayectoria como historiadora e investigadora, en tanto en cuanto ha sido una de esas mujeres que peleó por conseguir que la disciplina de estudios de la mujer se haya afianzado y tenga “su puesto asegurado” dentro de los estudios islámicos y los estudios de Oriente Medio.

Hay tantos mitos en la sociedad islámica como en la cristiana o en cualquier otra. Hay prácticas anteriores a los libros sagrados que se mantienen sin que la población lo sepa, hay una tradición popular que se da por sentada sin que en realidad se cuestione. Eso es igual en todas partes, por desgracia. El desconocimiento se pone de manifiesto, día tras día, cada vez que las personas intentan debatir, defender o censurar. Además, cuando se introducen términos nuevos, barbarismos que intentan encontrar una traducción lo más fiel posible, la barrera cultural dificulta el acceso a la información y la asimilación de todo lo que esos términos implican.


Eso sucedió con el término feminismo en el Tercer Mundo.  Hizo falta un proceso largo y costoso para que cada cual plantease su feminismo desde los paradigmas laico e islámico y para que todos los feminismos convergiesen en su diálogo, siempre como creaciones propias. Y para que la desigualdad entre clases, se fuese paliando con discursos apropiados. Me ha sorprendido la cantidad de publicaciones que llevaron a cabo las mujeres, desde finales del siglo XIX, y las diferentes estrategias de cada una de las líderes más representativas de cada movimiento.

Pese a la densidad y la extensión del texto, me ha sorprendido de manera grata. He conocido infinidad de datos que creo que, en general, por aquí se ignoraban o no se tenían muy presentes. Y he podido hacerme una idea muy completa de los diferentes aspectos que intervienen a la hora de tomar partido hacia una postura u otra. No obstante, lo más interesante, al acabar la lectura, fue el debate que tuvo lugar con personas de diferentes nacionalidades, especialmente con mujeres árabes, que ayudó a enriquecer la mayoría de esos aspectos.


3.- Epigrafías, de Carla Berrocal.

Este librito ha sido una donación de OVNI Bazar Bizarro al Club de Lectura Feminista y LGTBI «Lees Otras Cosas».


No hay descripción de la foto disponible.

La escritora Natalie Clifford Barney –feminista y lesbiana con las ideas muy claras desde mozuela– es homenajeada en esta pequeña novela gráfica de páginas a cuatro viñetas, como si de esbozos se tratara, en un jugoso repaso a su vida amorosa, con algunas de las mujeres más relevantes: Romaine Brooks, la pintora estadounidense con la que tuvo la relación más duradera, Dolly Wilde, famosa por sus ingeniosos epigramas y adicta a la autodestrucción, Renee Vivien, la poeta que la pretendió como pareja fiel, y la bailarina armenia Armen Ohanian.

Una obra curiosa y llamativa que apela a la curiosidad, tanto si se ha leído a Natalie como si no.


4.- El viajero del siglo, de Andrés Neuman.

Esta ha sido la lectura del mes en el Club de las Letras de Santa Fe. Un buen tocho que se me ha juntado con otro tocho –y con otro que finalizaré para el mes que viene–. Creo que es la primera vez que he tenido que calcular el número de páginas que tenía que leer a diario de cada libro, para llegar a tiempo a las fechas de los comentarios...

La novela plantea un repaso por la Europa postnapoleónica, esa época en la que los europeos eran tales: la gente culta leía en las principales lenguas vecinas y debatía las novedades sociales y editoriales. Se analizan el progreso, el pensamiento, los cambios sociales, las tretas de los gobiernos –de ahí que Wandernburgo sea tan difícil de ubicar–, la organización territorial y las teorías de los filósofos del momento.


Pero los hombres, claro. Salvo célebres excepciones como Sophie Gottlieb, que organizaba un Salón en casa y moderaba el debate, las mujeres eran espectadoras que reprimían su opinión –en caso de poder tenerla– ante el padre, el cura o el marido. Me encanta esa Elsa, que sabe que nunca va a pertenecer a una clase pudiente, por mucho que parezca que Álvaro le puede tender un puente, y que rechaza el término “amiga” de la señorita por la que debe velar. Y me estremece por igual Lisa, la joven de la pensión, que parece que nació con las yemas de los dedos peladas de tanto fregar. Ambas aprenden a escondidas, alentadas por la voluntad de escapar del destino que la vida les impuso por haber nacido en familias de clase trabajadora. 

Los tempos los marca el organillero con su organillo, ese instrumento que se retrata como atemporal, y se inmortaliza en todas la lenguas europeas. La narración carece de diálogos señalizados como tales. Con una habilidad endiablada, el autor nos presenta dos núcleos de tertulia, el Salón y una cueva, donde se habla de todo un poco, y se las arregla para que el texto englobe los guiones, las cursivas y los entrecomillados, con tal de aliviar espacio, sin que se pierda el hilo. Se da un repaso tan ágil como profundo a todos los hábitos, prejuicios, circunstancias y periplos racionales y constantes cambios del siglo, desde el conocimiento global y en perspectiva, de alguien que habita nuestro tiempo.

El organillero es un personaje universal, que sabe de todo y carece de todo, pues se ha desprendido hasta de su nombre, para que no le pese.Al final, una siente que esos personajes tan entrañables, el organillero y sus invitados, podrían ser su propio grupo de amistades, salvando las distancias: la clase obrera que escribe el futuro de la lucha por sus derechos


5.- «Vulva estelar». Femzine ma(u)rciana #1

A finales de octubre, estuve en la librería de avisos Bakakai, en una charla–coloquio con las editoras de Vulva Estelar. Estuvieron hablando de su experiencia en editar de manera independiente desde una perspectiva de género desde sus orígenes, con la repercusión mediática que tuvo su polémico pistoletazo de salida. Y nos animaron a generar debates, a plantear preguntas y colaboraciones para la creación de fanzines.

No hay descripción de la foto disponible.


La verdad es que se me encendieron unas cuantas luces, a raíz de aquella reunión y, aunque no abrí la boca –preferí escuchar y aprender–, me volví a casa la mar de contenta e inspirada. Me traje la publicación número 1, que fue la que más me llamó la atención. Navegar por sus páginas ha sido como revivir mi época de otaku, cuando seguía de cerca las publicaciones aficionadas de otros lectores y cuando yo misma me planteaba hacer alguna. Nunca lo hice. Y todavía se lanzan propuestas que intento esquivar por falta de tiempo...

El caso es que ha sido una inyección de vitalidad revisar esta publicación. Un activismo de género que combina reflexiones, críticas, ilustraciones, literatura, debate, reseñas, fotografías y fotomontajes, crónicas y confesiones. Quiero más chutes de estos.



Si no la leíste en su momento, te recuerdo que hice una reseña extra hace unos días, te dejo el enlace:


La imagen puede contener: 2 personas


¡Esto es todo! Gracias por pasarte a leer. Si puedes, nos vemos este miércoles en la presentación de mi poemario, «Sintomatología de la perdición».





miércoles, 20 de noviembre de 2019

Elegimos ser libres




Quien me sigue sabe que me gusta compartir los libros que voy leyendo y que, a final de cada mes, hago una lista con mis lecturas.

En esta ocasión, me voy a dar el gusto de hacer una reseña exclusiva, por dos motivos. El primero es que, tras las pasadas elecciones, he tenido ocasión de reflexionar sobre el pasado, el presente y el futuro de la sociedad en nuestro país, en especial para las mujeres y los colectivos minoritarios.


Eligieron ser libres, de Chus Sánchez. Ilustrado por Julia Soler Fernández. Publicado por Aloha! Editorial.


Descubrí este libro gracias a la reseña de otra bloguera alicantina, Sandra de Oyagüe, cuyos posts nunca me pierdo, por la variedad de libros que elige y por su implicación como lectora en el mundo de las letras. Cada mes me descubre alguna obra que me deslumbra. A raíz de aquel breve texto, decidí buscar más referencias de Chus Sánchez.

En las entrevistas que fui encontrando su discurso me conmovió: como periodista, tuvo el impulso de indagar en el pasado para encontrar a personajes femeninos que hubiesen sido referentes en otras épocas. Como era de esperar, remontarse hasta el siglo XVI implicó no encontrar apenas documentación ni imágenes. Sus historias fueron silenciadas o no se valoraron. Era de esperar, si la mayoría de las mujeres que han hecho cosas relevantes a lo largo de los últimos 100 años tampoco salen en los libros.

Precisamente, las referencias que conocemos son las de siempre, de mujeres demasiado académicas, con acceso a la educación, con un bagaje a sus espaldas y cierta aceptación social. Ella quería mujeres anónimas; esas mujeres que de ninguna manera podrían salir en los libros, por muy relevantes que fuesen sus historias. Esa reivindicación me conquistó.


La imagen puede contener: 2 personas


Chus ha hecho justicia a todas esas mujeres luchadoras, supervivientes e independientes que no pudieron servir de ejemplo de manera abierta en sus respectivas sociedades pero que, sin duda, se hicieron un nombre –incluso una leyenda– por su valor y por sus obras, porque desafiaron todo lo establecido eligiendo ser libres, por encima de todo. Sin causa feminista ni apoyo social que las protegiera, sino con la esperanza de hacer su vida pese a la censura y la represión. Como escritora, además, ha sabido encontrar el equilibrio perfecto a la hora de narrar las historias, presentándolas de manera atractiva.

Podrían haber sido muchas más las protagonistas de este libro –siempre serán muchas más de las que llegamos a conocer– pero la autora ha decidido centrarse en cinco historias. Ha elegido un formato breve e ilustrado, que resulta atractivo tanto  para el público adulto como para el juvenil. Y doy fe de que la juventud se está dejando atrapar por las historias y por las imágenes.

La joven ilustradora Julia Soler ha hecho un trabajo magnífico. Partiendo de cero, de imágenes deterioradas o con poca calidad, ha unificado a todas las protagonistas de estos relatos bajo un mismo estilo. Con un arrobador uso del color y un documentado diseño de vestuario, ha creado de tres a cuatro ilustraciones para mostrar a cada una de las mujeres y ambientar sus historias.


No me he olvidado. El segundo motivo de ser de esta reseña es que Chus Sánchez vendrá a Santa Fe, Granada, a presentar este libro y eso se merece tres hurras. Voy a tener el privilegio de conocerla y de entrevistarla para desentrañar los entresijos de su investigación y de sus proyectos. Si estás por aquí, no te lo pierdas. Si te lo pierdes, síguela por redes.



Esto es todo. ¡Gracias por pasarte a leer! Nos vemos en diez días con la lista de lecturas del mes.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Esto va de olas y valientes




El 25 de octubre se presentó en el Instituto de América (Damián Bayón) de Santa Fe Las 23 Hojas del Mar, la nueva obra de Mónica García Rodríguez, una autora granadina afincada en Marbella que tiene una relación muy entrañable con esta localidad. No solo porque gran parte de su familia reside ahí, sino por el vínculo que estableció, hace ya un año con el club de lectura.


La autora estuvo acompañada por Patricia Carrasco, la concejala de Cultura, Jotta, el ilustrador –una verdadera institución en Marbella– y servidora, en calidad de prologuista y en representación del Club de las Letras de Santa Fe.

La imagen puede contener: 5 personas, incluido Erika Cipré, personas sonriendo, personas sentadas e interior
De izquierda a derecha: Jotta, Mónica, Erika y Patricia.

Las 23 Hojas del Mar es una fábula para todos los públicos con un potente retrato social y una crítica muy aguda que no está dejando a nadie indiferente. Puedes encontrar toda la información en la página de la editorial:

https://www.edicionesalgorfa.es/tienda-cat%C3%A1logo/


Entre los asistentes, hubo personas aficionadas a la escritura a todos los niveles, incluyendo a Antonio Funes Delgado, y la mayoría de los miembros del Club de las Letras, deseosos todos ellos de conocer, por fin, las aventuras marinas de Borjián, Maní y las sirenastras. Como ya he insinuado, el club de lectura ha colaborado en este libro, aportando 23 textos –los que dan título al libro– sobre lo que significa formar parte del mismo.


La imagen puede contener: 20 personas, incluidos Erika Cipré, Miriam Domenech y Monica Garcia Rodriguez, personas sonriendo, personas de pie e interior
El Club de las Letras de Santa Fe.


Como valor añadido, la asociación «La ola de los valientes», del IES Arjé de Chauchina, tuvo el detalle de hacerle entrega a la autora de un kit de bienvenida, agradecida por su labor desinteresada. Y es que los beneficios de esta obra se destinan de manera íntegra a estos "chavales que ayudan a otros chavales". En el siguiente enlace puedes conocer su labor: 



Una voluntaria de La ola de los valientes nos explicó los proyectos
que llevan a cabo.

Ramón, el coordinador de La ola de los valientes
con sus chavales.
                                



Jotta le dedica a Maga su ejemplar.

Mónica, envuelta por las sirenastras.

Mónica y Palaqui.

Carkez, rebuscando un marcapáginas
de la caja mágica.


Fue una tarde muy emotiva, que desveló el misterio de los nombres mágicos con que Mónica nos bautizó a quienes hemos participado de su historia.


Mónica con Mimiam y Yulanga.


Esto ha sido todo. ¡Gracias por pasarte a leer! 

Volveré el 20 de noviembre con una reseña muy especial. Ese mismo día, por cierto, el Club de Lectura Feminista y LGTBI «Lees Otras Cosas», estará en el bar La Goma, desde las 18:00, debatiendo la lectura Feminismo en el Islam, de Margot Badran. Si te interesa, apúntate.







lunes, 28 de octubre de 2019

Libros leídos en octubre



Bueno, parece que he sobrevivido a mi primer mes de formar parte de tres clubes de lectura y de gestionar eventos para dos de ellos. Así que brindo por ti, que me lees. Estos son los títulos que me han podido entrar por los ojos a lo largo de estos días:


1.- El rey recibe, de Eduardo Mendoza.

Este libro me lo regaló mi hermano, hace unos meses. Varias personas de mi entorno ya lo estaban leyendo por entonces y yo he tenido que esperar un poco, pese a los comentarios positivos que me iban haciendo llegar.

Tengo relativamente frescos La insoportable levedad del ser y La noche de las mariposas, dos novelas que plasman algunos fenómenos sociales que se tocan de pasada en esta lectura, como son la Primavera de Praga y el cabaret, y que me han ayudado a hacerme una idea de cómo estaba el percal social, político y cultural en Checoslovaquia y en Barcelona, respectivamente, entre los 60 y los 70.

No hay descripción de la foto disponible.

No conocía el detalle de que este tomo es el primero de una trilogía denominada Las Tres Leyes del Movimiento, la cual tiene previsto recorrer los principales acontecimientos de la segunda mitad del siglo XX. En efecto, en esta parte el autor ya retrata la dictadura en España, con toda su represión y sus reaccionarios seguidores.

Y lo hace de la mano de Rufo Batalla, un aspirante a periodista desganado que pretende encontrar la emoción sin esfuerzo alguno, y un surtido de personajes –ficticios y reales–, de lo más disparatado, muy representativos del panorama de la época, que me han llevado a soltar más de una carcajada. A posteriori se me han ocurrido una serie de comparaciones odiosas, la mar de divertidas.


2.- Donde siempre es octubre, de Espido Freire.

Conseguí este ejemplar gracias a una de las periódicas donaciones que hacemos los integrantes del Club de las Letras de Santa Fe. Leí Irlanda el año pasado por estas fechas y ya me hice una idea de los universos intimistas, de exquisita belleza, y de los personajes aficionados a vivir de cara a la galería a la vez que cultivan sus demonios interiores que se saca la autora de la manga.

En este libro, la historia transcurre en una ciudad de la que más de un habitante ansía escapar y a la que todos acaban regresando. Con una atmósfera melancólica y semi onírica, se alternan la primera persona y la tercera para crear una voz coral que recalca las envidias, las injusticias, las palabras que nunca llegan a decirse en el momento oportuno, las vidas echadas a perder, la bajeza, el maltrato sutil de quien sabe manejar a los demás. Se retratan con un deje de costumbrismo el suicido, el incesto, las traiciones de todo tipo, las enfermedades y las deudas de honor.

La imagen puede contener: 1 persona

Los personajes se perfilan con claridad a partir de pinceladas precisas que ponen de manifiesto toda su humanidad. Tanto en los que en apariencia son más fríos, al igual que en los más pasionales y en los que no destacan por temple alguno, vemos su comportamiento justificado, ya sea por la indolencia de su infancia, por la sordidez de su existencia o por el mero gusto de jugar a ver qué sucede.

Me encanta esa ciudad dividida entre el norte y el sur; entre la burguesía y la clase obrera donde cada cual, desde su prisma, se enfrenta al tedio de unos días que parecen siempre iguales, y donde prevalece la opinión de que las cosas siempre seguirán así, aunque en el fondo ansían que los acontecimientos se desencadenen de manera rotunda, para evitar involucrarse.

Y, en efecto, Oilea termina por desvanecerse cuando la revuelta del sur y el acoso del norte van más allá de lo previsto, de modo que bien debió estar lo que bien acabó.


3.- Plenilunio, de Antonio Muñoz Molina.

Este libro lo leí en 1997; fue mi premio al mejor trabajo literario presentado en el concurso que organizaba el instituto donde cursaba COU. Recordaba que, como novela policíaca, era más elegante que otros títulos que había leído en años anteriores, que los dos primeros capítulos eran brillantes –el primero por la metodología del inspector y el segundo por la manera en que presenta al tremendo Padre Orduña– y que me agobió el estilo de escritura, pues entremezclaba la narración con los pensamientos de los personajes y daba constantes saltos en el tiempo, así como que algunos pasajes fuesen tan reiterativos.

¿Por qué me lo he vuelto a leer? He cometido la locura de alistarme en el Club de lectura de Cúllar Vega. Y esta es la primera propuesta del curso. Francamente, a los diecisiete años se me escaparon muchos detalles, de modo que me alegro de haberlo hecho.

Ahora entiendo que ese vaivén temporal está más que controlado y que ese estilo narrativo responde a las obsesiones de los protagonistas. Me encanta el retrato psicológico que se hace de cada uno de ellos, desde el padre Orduña hasta la señorita Susana, pasando por el asesino y el propio inspector. Queda patente que cada cual es uno mismo por sus circunstancias. Hablando del personaje de Susana, supongo que es coincidencia pero, cuando se describe su experiencia matrimonial y los años de criar a su hijo en soledad, me ha transmitido la misma sensación con la que Elvira Lindo se retrataba como personaje en Lo que me queda por vivir. 

No hay descripción de la foto disponible.

El sentimiento de culpabilidad del anciano cura por la educación hiriente y represiva que aplicó a los huérfanos a su cargo y la amenaza reiterada de que “la cara es el espejo del alma”, condicionan al inspector durante casi todo el relato, llevándole a un estado de alerta permanente. No obstante, es su experiencia en la investigación y los detalles que solo podían aportar las buenas observadoras –las descripciones, la constancia de la luna llena– lo que hace que el inspector vaya sacudiendo su insensibilidad en aras de su sexto sentido.

La cadena de acciones y repercusiones que une a unos y a otros es de una humanidad agobiante. La culpa está presente en todos ellos,en realidad, excepto en el asesino. Sin embargo, su doble moral le lleva a cultivarse una reputación intachable de cara a los conocidos de esta ciudad de provincias –que, aunque no se mencione, parece que se trata de la literaria Mágina– mientras que, a solas con su cabeza, su frustración y su odio sistemático hacia todo cobran vida propia. Imposible no sentir cierta empatía ante esa faceta de marginado.

Me encanta el cierre de doble cazador cazado y cómo se juega con las expectativas del lector con un final lo suficientemente abierto como para que cada cual imagine a su gusto.


4.- Todas las mujeres alguna vez, de Tarha Erena Alora. Ilustraciones de Irene Bofill.


Hemos propuesto esta lectura para iniciar el nuevo curso en el Club de Lectura Feminista y LGTBI «Lees Otras Cosas». Se trata de uno de esos libros-joya que entran por el ojo, un poemario ilustrado compuesto de reflexiones expresadas en prosa poética, que analiza la cualidad multifacética de las mujeres.

Tarha es una mujer valiente y visceral que destripa la condición femenina tras sumergirse en ella, desde la jugosa cita de Alejandra Pizarnik que abre su texto, hasta la página final, en la que apela a cada lectora a reconocerse y aceptarse. Y es que, verso a verso, una descubre que no puede prescindir de ningún rasgo de su ser, por mucho que predomine uno y otro. En estos tiempos convulsos, de constante cambio –y forzosa adaptación al mismo– en los que todavía recordamos lo que nos enseñaron de pequeñas y, sin embargo, aún no hemos decidido a qué dedicarnos cuando seamos mayores, las mujeres nos vemos en medio de infinidad de corrientes que nos arrastran.


Qué lejos queda el discurso de nuestras antepasadas: «Las mujeres tenemos que saber hacer de todo». Y, pese a ello, es una máxima que sigue de actualidad. Si bien las ocupaciones diarias y las aspiraciones han cambiado, la versatilidad es la etiqueta que siempre nos caracteriza. La única diferencia es que antes esas corrientes eran una imposición: la casa, el marido, los hijos, la abnegación. Ahora, las corrientes que nos sacuden nos llevan a probarnos y a retarnos de manera continua. Estudiamos, viajamos, trabajamos, decidimos, parimos, criamos, cuidamos, educamos, compartimos, salimos, entramos... Vivimos. Y, en cada una de estas facetas, nos descubrimos, nos aceptamos.

Lo tenemos todo y estamos aquí para no perdernos nada. Podemos ser amantes, viajeras, sabias, amigas, profundas, locas, sufridoras, madres, guerreras. Somos todo lo que nos haga falta ser, sin tener que renunciar a ser niñas. Todo eso nos recuerda Tarha, como en un viaje ancestral a lo más arraigado de nuestra estirpe, en este canto al autoconocimiento y a la sororidad.


5.- «Insólitas. Narradoras de lo fantástico en Latinoamérica y España», edición de Teresa López-Pellisa y Ricard Ruiz Garzón.


Andaba detrás de este libro desde que escuché hablar a Teresa López-Pellisa, junto a Sofía Rhei, Lola Robles y Elia Barceló en el I Golem Fest de Valencia, hace un año aproximadamente. Hasta que al final lo he recibido como regalo. ¡Y qué regalo!

Pese a que las 500 páginas –entre la introducción y los textos– asustan, el libro se lee muy rápido, puesto que se trata de relatos, algunos de ellos bastante breves. Las antólogas han hecho una labor excelente al recopilar una historia de cada autora entre las numerosas que tenían en su haber literario. Pese a que han cercado la búsqueda en autoras que cultivan el cuento de manera asidua y han publicado al menos un libro de relatos o cuentan con algunos relatos en antologías relevantes, el trabajo es digno de elogio.

No hay descripción de la foto disponible.

En esta compilación, hay temáticas variadas, la vastedad de la condición femenina plasmada con riqueza y diferentes enfoques a la hora de abordar lo insólito, ya sea entremezclado con lo cotidiano o carente de ello.

Debo decir que he descubierto a numerosas autoras latinoamericanas, cuyos cuentos me han cautivado. Sus letras, sus temáticas, su manera de sentir. Qué pena no haber tenido acceso antes a ellas, porque me he perdido algo grandioso. Sin desmerecer a nuestras autoras, por supuesto. Lo que pasa es que a la mayoría de ellas sí las conocía.

Historias como Mi hermana Elba, de Cristina Fernández Cubas, La densidad de las palabras, de Luisa Valenzuela, Abel, de Anacristina Rossi, El huésped, de Amparo Dávila, Yo, cocodrilo, de Jacinta Escudos, Gracia, de Susana Vallejo y El ángel caído, de Cristina Peri Rossi me han llegado al alma.

Ojalá pronto una segunda antología.


6.- Binti. La mascarada nocturna, de Nnedi Okorafor. Traducido por Carla Bataller Estruch.

Conseguí este libro cuando Carla y Elena, editoras de Crononauta, vinieron a la Librería Bakakai de Granada a presentarlo. Tenía que completar la trilogía.

Conforme he ido siguiendo la evolución del personaje principal, más he podido admirar la verosimilitud con la que ha sido construido. Binti es una joven de 17 años, con una gran madurez y, sin embargo, con la inocencia típica de su edad. Como mujer arraigada en las costumbres familiares y locales de su tribu, la himba muestra un fuerte sentido del deber y la obediencia. No obstante, su condición de maestra armonizadora y su afán de conocimiento hacen que se cuestione algunas de las imposiciones y restricciones a las que se ve sometida.


Este tomo está narrado en primera persona, salvo tres breves capítulos, que se cuentan en tercera persona. Una vez más me han sorprendido los constantes giros de la trama, las segundas intenciones de algunos personajes, o cómo se entremezclan la ciencia y la espiritualidad. Y el alcance de algunas acciones frente a la insignificancia de otras.

Lo más espectacular es el final abierto. La de ideas que suelta la autora en cada página es un anticipo de la cantidad de ideas que quedan en el aire, calculando sus posibilidades de ser, cuando la historia llega a su fin.  



¡Esto ha sido todo! Gracias por pasarte a leer. Nos vemos en unos días, con la crónica de la presentación de Las 23 hojas del mar.