viernes, 30 de agosto de 2019

Libros leídos en agosto



Bueno, bueno... Parece que, tras un ajetreado julio y un convulso agosto, aún me quedan los primeros días de septiembre para intentar engañar al cerebro con la idea de que estoy de vacaciones. Sea como sea, a pesar de mis muy abundantes y variadas movidas, he conseguido rascar algunos ratitos para leer:


1.- «Tantrum», revista de relatos extraordinarios #1 y #2. Editado por Impresiones Privadas. Ilustraciones de Cristòfol Pons.

Me he tirado más de un año detrás de conseguir los ejemplares físicos de esta revista. De hecho los encargué el verano pasado en la librería Gigamesh... Y los recogí el mes pasado. Así que me hicieron el trayecto en ferry Ibiza–Barcelona la mar de amena.

La iniciativa me encantó desde el primer momento. Una revista cuatrimestral con tres relatos ilustrados y, de ahí en adelante, entrevistas y firmas invitadas. Un precio asequible, un diseño llamativo y un juego de mesa en la contraportada.


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Ya había leído algo de Santiago Eximeno, pero desconocía la obra de Tomás Rivera y de Sam G. C. –el resto del consejo editorial–, de modo que me apetecía indagar en sus páginas. El sabor de boca es agradable, sin duda. Y me consta que, a cada nuevo número, se van incluyendo nuevos extras en la revista. Me he hecho una idea del estilo de cada autor y, pese a que me gusta variar las lecturas, lo cierto es que me quedo con ganas de más.



2.- Preventorio, de Carlos Semper Revuelta. Ilustrado por Cecilia G. F.

Este libro ha sido un regalo que mi hijo ha recibido. Primero lo leyó él y, aunque se angustió mucho en algunos pasajes, me lo recomendó. Está claro que leer esto a los trece debe dar un poco de susto...


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A mi edad, no tanto. La historia está bien construida a nivel argumental y la edición de Dilatando Mentes entra muy bien por el ojo, con muchos detalles visuales y bastantes extras que aportan un valor añadido. No obstante, me resulta chocante que un libro tan trabajado por parte de la editorial, contenga tantos errores de puntuación y, además, tantas incongruencias en los tiempos verbales. Me explico: El autor alterna dos líneas temporales narradas en pasado pero, cuando la acción se pone candente, pierde el control y acaba relatando las escenas en presente. Entiendo que esas cosas suceden antes de una revisión profesional del manuscrito. Nunca después. La sensación, tras haber tenido durante días en las manos un libro tan cuidado por fuera, es agridulce.



3.- El corazón de la gacela, de Mari Luz Escribano.

Este libro ha sido la lectura poética conjunta del mes por parte del Club de Lectura Feminista y LGTBI “Lees Otras Cosas”, que organiza eventos estivales en el Camino del Avellano.




Escribano era una desconocida para mí y, con unos pocos versos, ha logrado meter su angustia de infancia perdida en mí, igual que lo hiciera Miguel Hernández cuando lo leía de pequeña. Directa y descriptiva, tira de sus recuerdos con naturalidad y crudeza. Me he hecho el propósito de conseguir su Sopas de ajo, texto autobiográfico, para conocer su entorno y su vida más en profundidad.


4.- «Magistral Sinfonía». Contiene los cuentos Las aves cantoras, de Josefina Arias y El gorrión y el canario, de Encarna Urbano. Ilustraciones de José Sánchez Moyano.

Lo conseguí en Marbella, de la mano de la misma Josefina, en la presentación de Las 23 Hojas del Mar. Me llamó la atención el estilo de las ilustraciones, que resultan muy vistosas y bien compuestas. De hecho, mi hijo –que tiene fijación por los pollos– se tiró a él de cabeza. Acostumbrado a meterse auténticos tochos, este librito le debió resultar un jugoso pasatiempo.




El gorrión y el canario me ha sorprendido por su moraleja. Es una historia muy sencilla que, a la vez, encierra múltiples lecturas.


5.- «Historias que no envejecen», de Mónica García Rodríguez.

Este es el cuarto libro que leo ya de Mónica. Lo adquirí cuando vino a Santa Fe a presentarlo y lo tenía a la espera del momento ideal. Conforme más la conozco a través de sus páginas, más me percato de su necesidad de contar historias; de retratar la realidad desde diversos puntos de vista y de dar prioridad a los detalles que suelen pasar desapercibidos.


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Retorcida, guasona, ocurrente, perspicaz, sensible, aguda y, ante todo, observadora, Mónica tiene razón cuando afirma que, de las 65 historias que conforman su antología de textos, seguramente haya una que te toque la fibra sensible o te resuene de alguna manera. A mí, Silencios de biblioteca me ha hecho sonreír, de lo mucho que me recuerda mi manera de analizar las cosas.



Y esto ha sido todo. ¡Gracias por pasarte a leer! Nos vemos el 25 de septiembre en el Camino del Avellano. Presentaré un trabajo poético y visual del que todavía no puedo hablar. Seguiré informando…



domingo, 18 de agosto de 2019

La escritora que vino del Mar



Hace tiempo que quiero hablar largo y tendido de Mónica García Rodríguez pero, como todo en esta vida, he tenido que esperar al momento adecuado. Nos vimos durante el puente de Andalucía, para empezar a cuadrar planes y organizar los proyectos con un poco más de cercanía.

¡Lo que nos ha cundido desde entonces! Ella ha culminado su obra y yo he estado ahí para facilitarle el tránsito de hojas con el Club de las Letras de Santa Fe. Como no podía ser de otra manera, le ha quedado un libro precioso:




El miércoles 14 de agosto tuvo lugar la presentación de esta disparatada fábula para todos los públicos en la Sociedad Recreativa y Cultural Casino de Marbella. Las 23 Hojas del Mar tuvo una excelente acogida. 



Con Jotta, el ilustrador, Mónica García Rodriguez, la autora,
y Josefina Arias, escritora. 
Foto de Miguel Rodríguez Rodríguez.


Tuve el inmenso placer de compartir mesa con la autora y con el ilustrador de la obra, Jotta, toda una celebridad en la ciudad. Su breve intervención, además, me llegó al alma, por todo el significado que fue capaz de dar a tan pocas palabras.



Con Antonio, el director de la SRC Casino de Marbella 
y Andrés, el editor de Ediciones Algorfa.
Foto de LV Mon Producciones.


Mónica desveló durante el evento los entresijos de su historia y explicó que ha decidido destinar sus beneficios de la venta a un proyecto estudiantil denominado La ola de los valientesuna comunidad de "Chavales que ayudan a otros Chavales". Dejo el enlace a su web:


Foto de José Quero.



Por mi parte, he contribuido en la obra con un prólogo que aporta respuestas al propósito de la autora, de contar con el club de lectura para compaginar su fábula fantástica con nuestros relatos. Asistí como representante del Club de las Letras para explicar los detalles de la colaboración entre ambas orillas.

El jueves 15 volví a acompañar a la autora en la Feria del Libro de Marbella. Fui testigo de lo muy querida que es Mónica.



Firma de ejemplares, en el estand de Ediciones Algorfa. 


Me ha encantado Marbella, pese al poco tiempo que he tenido de perderme por sus calles. Próxima parada para la presentación de Las 23 Hojas del Mar: Santa Fe, Granada.


La imagen puede contener: 15 personas, incluidos Erika Cipré y Monica Garcia Rodriguez, personas sonriendo, interior
Integrantes del Club de las Letras de Santa Fe 
durante la presentación del libro Historias que no envejecen.
Foto del tito Antonio.



Esto es todo. ¡Gracias por pasarte a leer! Volveré en 15 días con la lista de lecturas del mes.

miércoles, 31 de julio de 2019

Libros leídos en julio



Este ha sido el mes de los desplazamientos. No digo vacaciones, porque no es esa la idea cuando viajo. Tan solo ha coincidido que todos los pequeños viajes que he llevado a cabo por la península han tenido lugar casi de manera consecutiva. Vamos con los libros leídos durante los trayectos:


            1.- El Informe Monteverde, de Lola Robles. Ilustrado por Marina Vidal.

Compré este libro en el estand que AutoraZ montó en la FicZone del presente año. Desconozco cómo fue la primera edición pero esta, de Crononauta, ampliada e ilustrada, es de esas a las que mi hijo, con un brillante criterio, suele echarle el ojo... Me la leí en el autobús de Granada a Madrid. 

Narra la historia de una lingüista que es enviada al planeta Aanuk para que estudie la lengua y la cultura de sus habitantes. Rachel Monteverde se toma su tiempo para redactar su informe, que en el libro se alterna con una entrevista a posteriori de su investigación y con su cuaderno personal.

Hay muchos detalles que obligan a la reflexión. El tema de los prejuicios está muy bien tratado. Los aanukiens son un pueblo nómada que disfruta de su fértil planeta y de su lento desarrollo tecnológico. Los que han salido alguna vez de él valoran la interacción bulliciosa, por llevar una vida demasiado tranquila. Y quienes vienen de fuera ansían esa calma, debido a que su estilo de vida es más activo.


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Por otra parte, dos especies -en apariencia tan diferentes entre sí- como los aanukiens y los fihdia, se terminan complementando, al atreverse a razonar cuáles son sus puntos flacos y fuertes. Rachel se convierte en intermediaria entre unos y otros, conforme va conociendo las preocupaciones y los tabúes de cada cual. Y eso es algo que la enriquece personalmente a la hora de complementar su informe con sus notas privadas.

Magnífico el pasaje dedicado a las metáforas. Me encanta cómo la autora consigue plasmar la complejidad y la belleza de la lingüística, mediante un personaje tan activista y pacifista. Una maravilla de space opera que se lee de una sentada.


            2.- Consecuencias naturales, de Elia Barceló. Cubierta de Mercedes Palacios.

Este libro fue mi lectura para el estreno del AVE Madrid–Granada. También lo adquirí en el estand de AutoraZ en la FicZone. Conocía la preciosa cubierta original de la novela, publicada en 1994. Sin embargo, la actual también resulta muy atrayente, quizá más enigmática y adecuada al tono de sátira.

Y es que Elia aborda un tema peliagudo con cariño y pitorreo. Vale, el grueso de la historia se centra en ese problemilla que le ha sobrevenido al teniente Nicodemo Andrade, por ir de sobrado pero, la de críticas sutiles sobre la sociedad (desdoblada en dos especies) y el análisis de las cuestiones de orden social es apabullante: El transhumanismo como método de adaptación para favorecer la procreación en una especie que va camino de la extinción, la desesperación que se adueña de unos y otros por motivos de desconocimiento, el cambio de rol entre los géneros como principal causa de incomunicación, la confusión que genera la puesta en común de las distintas formas de expresión para un entendimiento pleno. Mientras los habitantes de Xhroll afirman ser exactos a la hora de usar las palabras, los humanos siguen apoyando su lenguaje oral en la expresión gestual y los dobles sentidos.


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Charlie Fonseca, personaje ambiguo y polivalente creado para confundir a los de aquí y a los de allá, es la pieza clave que deriva el meollo que ha estado a punto de crear un conflicto diplomático en un final muy bien resuelto, tan sencillo como complejo. Yo haría de este libro una lectura obligatoria en clase de filosofía. Si es que todavía existe esa asignatura.


3.- El vals de las hadas malditas, de Gabriel Sánchez García–Pardo. Portada de Alicia de Andrés.

Descubrí al autor en una visita que hizo a Granada, cuando el exitoso tándem Campbell–Cotrina vino a presentar Crónicas del Fin. Una grieta en el cielo. Desde entonces, le sigo el rastro. De modo que, cuando volvió a Granada para presentar este libro, allá que fui. Me ha acompañado durante el trayecto del AVE Granada-Barcelona y durante mi estancia en la ciudad condal.

«Noche eterna» me resulta la expresión para maldecir más elegante que he leído jamás. Muy acorde con el contexto de la historia, por supuesto. Ojalá yo fuese igual de fina...


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Este es el típico libro que, si lo lees de muy joven, lo recuerdas a lo largo del tiempo. Posee un narrador cómplice que deja caer comentarios anticipativos, para apoyar las escenas de acción, y unos personajes entrañables. La fórmula de aunar fantasía oscura y novela policíaca funciona. Al final, el juego detectivesco queda bien atado y resuelto. No obstante, a mayor edad, el lector conoce más trucos, con lo que es más difícil de sorprender. A mis casi cuarenta, por eso, me fijo en otros detalles, como la composición teatral que impregna cada una de las escenas. Y todos los valores añadidos que aportan personalidad propia al libro, como la partitura del vals y el booktrailer promocional que el autor ha colgado en su web.

Me gusta lo bien que se retrata a nuestra raza. Quizá con demasiada exactitud, incluso. Detalles como decir «el hombre» en lugar de «la humanidad», a estas alturas de la precisión en la escritura, me sacan del libro de un revés y me hacen chasquear la lengua. La insistencia en mostrar o insinuar que cada hombre malvado que aparece aproveche para violar o intentar violar a una mujer, también acaba resultando previsible. Pero no deja de reflejar lo que hay. Son esas cosas que me llevan a cavilar.



4.- Izahi, a tus hijas, de Laura S. Maquilón. Portada de Orchikoi.

Había leído algo de Laura, sin ponerle cara. Mi religión me obliga a asistir a las presentaciones literarias que se me ofrecen en bandeja. Es por eso que ahora que he tenido el gusto de escucharla en directo, empiezo a diferenciarla con más exactitud de otras autoras jóvenes que me gustan. Esta novelette me acompañó en el ferry nocturno de Barcelona a Ibiza.


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Esta es una historia de adolescente. Las reconozco sea cual sea su contexto pues, la adolescencia fue una época crucial, para mí. Me dio para sentar todas mis bases. En este texto, queda plasmada la importancia de la amistad.

Ambientada en un solo día, se cuenta la situación de la joven Saha, atrapada en su miedo a cambiar la situación que la asfixia; en su miedo a no ser importante para los demás; en su miedo a comunicarse con otras; en su miedo a ser juzgada... El caso es que, en un solo día, su vida da un vuelco absoluto.


¡Esto ha sido todo! Gracias por pasarte a leer. Nos vemos en Marbella la próxima quincena; estaré acompañando a  Mónica García Rodríguez en la presentación de Las 23 Hojas del Mar, su nuevo libro.


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martes, 16 de julio de 2019

Hallelujah



El 10 de julio tuvo lugar en la librería Gigamesh de Barcelona la presentación del libro Izahi, a tus hijas, de Laura S. Maquilón.

De estas veces que digo: «Ojalá hubiese una presentación literaria esta semana en Barcelona. Ya que voy a estar por aquí...». Y en ese momento veo el anuncio por twitter. «¡Anda; mañana tengo la tarde libre!», pensé a continuación. Y todo fue un cúmulo de buena suerte, porque la presentadora del evento era Carla Bataller: Mira por donde, me había traído de Granada mis ejemplares de Binti y Binti: Hogar, de modo que le pregunté a mi hijo, que es muy fan de la saga, si le apetecía que la traductora nos los firmase. Él, que se apunta a cualquier fregado, se entusiasmó con la idea. Todo redondo, vaya.




Como pillamos la Gigamesh una vez al año, salimos de casa con tiempo para poder husmear a placer cada recoveco. A la hora prevista, nos sentamos en primera fila. Junto a Coral Carracedo, para más señas, a la que oí como les decía a las protagonistas «¡Faraonas!» justo antes de empezar.

Tuvo lugar un debate muy gracioso sobre el uso de la hache. De hecho, con un poco más de tiempo hubiese dado para tratado. La autora se encandiló con el tema y nos dio que pensar sobre la hache muda y la hache aspirada. Resumo el asunto diciendo que Izahi, así como el resto de nombres con hache intercalada que plantea a lo largo de su novelette, se lee con hache muda




Hablando de novelette, este es un tema candente también. Estamos viviendo un proceso de –no sé muy bien cómo denominarlo– adecuación de las preferencias de formato en las convocatorias y las editoriales de cara a la publicación. Si bien hasta ahora se estilaban las convocatorias de relatos, en unos pocos meses se está notando el auge de las novelas breves y textos leves.




Y, en un abrir y cerrar de ojos, nos metimos de lleno en el activismo literario feminista. Las  tripulantes de La Nave Invisible compartieron datos sobre la productividad femenina y feminista, y sobre la importancia de practicar el activismo en comunidad. Laura confesó que la historia de Izahi, a tus hijas partió de su propio camino en la búsqueda personal de su voz feminista y que se obró el portento del proceso creativo gracias a que el tema Hallelujah, de Leonard Cohen, sonó en bucle en todas las versiones conocidas. Nos recomendó, de paso, a Kameron Hurley, Becky Chambers, Felicidad Martínez y Rocío Vega; cuatro autoras a las que sigo pero que todavía no he leído. 




Al final, salimos tan contentos. El libro ha llamado la atención de mi hijo, como era de esperar. Quien, por cierto, se sintió genial por que la autora nos regalase un marcapáginas a cada uno y por poder elegir el tamaño de la hoja del sello. ¡Bueno! Y, aunque siempre me dice que le da vergüenza hacer comentarios en público, tuvo el valor de decirle a Carla que habíamos traído los libros para que nos los firmase...




Además, ¡tuve ocasión de saludar a Celia Corral-Vázquez, a la que conocí en Valencia, durante la presentación de Terroríficas en el Golem Fest!




¡Esto es todo por hoy! Me voy a trabajar a Salines, la tienda de ropa y decoración más bonita de Formentera. Mira en la cuenta de Instagram @salines_boutique_formentera si hay algo que te guste. ^^




En quince días nos vemos con la lista de lecturas del mes. ¡Gracias por pasarte a leer!


miércoles, 10 de julio de 2019

Cuestión de orden y desorden: Un podcast pendiente.



El 23 de junio me fui a Madrid, a visitar a mi amiga Arancha San Ginés, con toda la ilusión de quien nunca ha puesto los pies en la capital, haciendo caso omiso a los comentarios positivos, negativos y neutrales, pues nunca me dejo influenciar por las palabras, sino por las sensaciones. El objetivo principal era ponernos al día de nuestras respectivas creaciones más recientes. 

Te dejo un fragmento de una de sus primeras ficciones sonoras como autora, para abrir boca:

https://youtu.be/xQGW4Ppq_RU 

Arancha y yo fuimos compañeras de doblaje, durante el segundo y tercer curso, en la Escuela Remiendo de Teatro y Doblaje de Granada. Hemos compartido risas, nervios, tensión, silencios, llantos, ficciones sonoras, takes, animatics, voiceovers, improvisaciones, pruebas para publicidad, guiones propios y ajenos, dirección y órdenes ante el atril y muestras sonoras ante el público; como también confidencias y cervezas tras las clases.

                 Muestra de fin de curso de Remiendo en el Teatro 
                 José Tamayo de Granada. Primavera de 2016.


             Taller de audiodrama con Federico Volpini en La Térmica, de Málaga.
              Primavera de 2017.


Fue así, a base de rodarnos codo con codo, como aprendimos a pillarnos el punto la una a la otra. Ella, tan exigente y autocrítica, lo tenía todo clarísimo en su cabeza a la hora de solicitar colaboradores para sus múltiples proyectos y yo –pese a ser la última en la lista de candidatos a colaboradores, debido a mi sordera– parecía entender su modus operandi como nadie y acabé siendo la única capaz de darle lo que ella quería. De ahí surgió un hermoso proyecto, que consistió en elegir los poemas más contundentes del Romancero Gitano de F. Gª Lorca e interpretarlos a dos voces.

             A posteriori, Arancha realizó el diseño sonoro y creó su canal de ivoox, donde se pueden admirar ese y otros trabajos:


¿Cómo dos personas en apariencia tan diferentes pueden llegar a congeniar tan bien en lo personal y en lo profesional? A base de intercambiar puntos de vista sobre cualquier cuestión, acordamos que la gente desordenada suele tener su mundo interior perfectamente clasificado, con cada idea en el cajón pertinente y que, por el contrario, las personas que mantienen su espacio limpio y organizado, por dentro son un hervidero de dudas y caos. No sabemos si eso tiene algo de cierto, aunque la explicación nos satisfizo a las dos por igual. Y da para un relato, o un audiorrelato.

Volviendo al presente: Queríamos aprovechar al máximo mi visita a la ciudad, de modo que Arancha propuso apuntarnos al Digital Audio Day 2019, un congreso que prometía darnos algunas claves sobre el submundo creativo de la radio. Pese a que no fue exactamente lo que imaginábamos, lo cierto es que algo aprendimos. Sobre todo, esa parte final, denominada networking, suele ser muy útil.


 De izquierda a derecha: Carolina, Cristina, Erika y Arancha.
                 Digital Audio Day 20019, Madrid.


Allí tuve el gusto de coincidir con Cristina, una amiga de Arancha. Una de estas mujeres todoterreno, emprendedoras, con miles de ideas en la cabeza -todas muy claras, a punto de ser ejecutadas-, y con experiencia como editora literaria. ¡Lo que voy a aprender de ella!

Y con Carolina Abad Jara, alias Pez Papaya, storyteller, creadora de contenidos y editora que nos habló de su podcast Perder el nombre, un proyecto sobre activismo creativo y sociedad contemporánea, que plantea muchos retos cognitivos.





¡Os deseo mucha suerte!

Volviendo a Arancha, me gusta tanto escucharla. Desde que llegó a clase, con su determinación de hacer radio, de aprender a escribir, a usar los mandos, a redactar y editar, a atreverse con cualquier reto que nos planteasen; y, sobre todo, con esa voz tan seductora, supimos que llegaría lejos. Que aún falta, vale. Que va por el buen camino, también. Este año lo ha pasado en Madrid, precisamente, realizando un Máster de Radio que le ha reparado muchos retos, mucho trabajo con sus prácticas en Onda Cero y muchas recompensas. 

Se sigue considerando una aprendiz y le gusta aprender de todo. Y lo que más la engrandece es que, cuando dice que aprende de cualquier persona, lo dice en serio. El orden y el desorden se compenetran desde el inicio de los tiempos y nosotras nos seguimos la pista de cerca, la una a la otra. Ella me aconseja sobre la parte técnica de mis grabaciones -escasas, por cierto- y yo miro con lupa la parte escrita de las suyas. Pero no pienso irme de la lengua. Su próximo trabajo será un bombazo; lo sé. Y seguro que no te enterarás gracias a mí.


Eso sí; lo más llamativo que te puedo contar es que es una de las locutoras fichadas recientemente por Terror y Nada Más:

https://t.co/PnSskt1Lkp


En cuanto a Madrid, ¿qué me ha parecido la ciudad? Una pasada. Me ha dado para visitas culturales, conciertos, largos paseos por las zonas más vistosas y chapuzones en la piscina. Estoy encantada con la experiencia. Además, he vuelto la mar de contenta por estrenar por fin la línea del AVE Madrid–Granada, de modo que, es muy posible, que pronto vuelva.


Me voy corriendo, que esta tarde hay evento literario. Y, ya que me encuentro en la Ciudad Condal con mi familia, no me lo puedo perder.




¡Gracias por pasarte a leer! Hasta la semana que viene.

viernes, 21 de junio de 2019

Libros leídos en junio


Ante todo, pido disculpas. La quincena pasada debí pasarme por aquí, aunque fuese a saludar pero, por asuntos de última hora, no tuve ocasión. Lo cierto es que tengo muchas novedades en el aire, a punto de que lluevan. Sin embargo, todavía no ha cuajado ninguna. Habrá que esperar un poco más...

Es por eso que, en esta ocasión, he decidido alterar un poco la dinámica de los posts. Empieza la época estival, en la que tengo que atender mis compromisos familiares y comunales, de modo que, por este mes, las lecturas se me quedan colgadas, antes de que finalice:


1.- Post Scriptum.01. Barro, de Alicia Pérez Gil.

Este ha sido un libro de mi elección. Al tratarse de la segunda edición, viene con nota de Israel Alonso, el editor de Cerbero, y con prólogo de Nieves Delgado. Ambos textos ayudan a conocer un poco más el trasfondo de la obra, que es de lo que se trata.


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Se trata del primer tomo, en clave de fantasía, de una trilogía conceptual. Dos hermanas gemelas, supuestamente separadas debido a que una de ellas es una adolescente problemática, buscan la manera de burlar la seguridad y la manipulación emocional impuestas por su propia madre. Donde los márgenes de la realidad imponen un rigor inquebrantable, es el plano onírico el que ofrece las claves del entendimiento y el acercamiento.

Cuanto más leo sobre Alicia, más entiendo que las madres estén presentes en sus obras. Como extra, al final se incluye un breve relato que guarda relación con el texto principal. Una pequeña joya, en su conjunto.


2.- Exotiempo, de Rafael Díaz Gaztelu.

Gané este libro en un sorteo por Twitter y Rafa me propuso entregármelo en persona, puesto que los dos vivimos en provincia de Granada. Ese fue el germen de nuestra amistad, así como su preciosista dedicatoria fue el de mi admiración por este autor cordobés. A poco que avancé en la lectura, por cierto, entendí por qué me dio tantos marcapáginas. Y es que se necesita uno para consultar los mapas estelares, los planetarios y los diagramas; otro para los árboles genealógicos y la ordenación gubernamental del Plutarco; y el resto me los reservo, para no reventar sorpresas. Pero puedo asegurar que los Apéndices no tienen desperdicio.

La historia se ambienta en el año 2682. Por ese entonces, la humanidad anda esparcida por unos cuantos exomundos, unos más gratos que otros, en un proceso de reubicación que ha contado con dos fases. Para entender la trama no es necesario haber leído el primer tomo. Pero sí muy recomendable. Si no has tenido ocasión, échale un vistazo a lo que comenté sobre ese libro el mes pasado:



En el último tercio de Exomundos, ya se veía venir con claridad el significado del título del segundo tomo. Del mismo modo, a mitad de Exotiempo ya se huele una por dónde pueden ir los tiros en el tercero. ¿Quiere eso decir que el autor es predecible, acaso? Rotundamente, no. Quiere decir que te muestra la galletita del concepto, tanto si ya has comido como si no; la agita ante ti y te hace pensar en ella, generándote interés hasta que te convences de que te apetece conocer más de esta saga. Pero, al final, te sorprende y te la cuela por donde menos te la esperas.


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Yo, que vivo preocupadísima con respecto al futuro de nuestro planeta, he hallado la calma en la tecnología Nsir. La parte de SAGAN que es Erika se maravilla con el potencial oculto y en bruto de la mente humana y está convencida de que las soluciones son sencillas y están a nuestro alcance. Por el contrario, la parte de Erika que es SAGAN, repite hasta la saciedad que los humanos tropezamos con la misma piedra todas las veces que hagan falta y cuanto más nos expandamos, más salvajadas haremos.


3.- Inframundo, de David Luna Lorenzo.

Se trata del relato ganador del XVII Premio de Relato 2014 convocado por la librería Entre Libros de Linares. Incluye también los relatos finalistas «Perderse», de Juncal Baeza Monedero y «Voluntad», de Ignacio Lezcano Monge. Son tres historias con la elección del camino vital como nexo en común. Este ejemplar fue regalado a todos los asistentes al III Festival Tártarus. En este enlace, puedes conocer un poco más sobre el evento:


«Inframundo» es un viaje introspectivo de tinte alegórico en el que el protagonista se infiltra en un supuesto antro de perversión con un propósito que no le concierne, en realidad, como descubrirá al final. Una buena reflexión sobre las ataduras del ego.


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«Perderse» es un retrato irreal de la vida real en el que cualquiera podría reconocer un fragmento de su entorno, con unos personajes miedosos, maniáticos, frágiles y, a la vez, blindados al sufrimiento de los demás. Pura poesía.

Y «Voluntad» es la típica fábula de fantasía épica, con todos los tópicos del género: Soldados que escapan para ser libres, pero no conciben la libertad si no está basada en todo lo que se supone que puedan hacer sin tener que rendirle cuentas a ningún superior. Al final se le da la vuelta a la tortilla y se hace una crítica a esa manera de proceder, que pone a los susodichos contra la espada y la pared.


4.- La mujer del mediodía, de Julia Franck.

Este es el octavo y último libro de esta temporada en el Club de las Letras de Santa Fe. Nos despedimos hasta el curso que viene.

Voy a confesar algo. Cada vez estoy más segura de que, en otra vida, yo fui enfermera en la Segunda Guerra Mundial. Cuanto más leo sobre estos menesteres, más cuenta me doy de lo mucho que me resuenan ciertas situaciones. Y aborrezco esa época, aborrezco la literatura, el cine y cualquier manifestación cultural relacionada con ella. Porque sé que la viví de cerca.

La autora presenta un cuadro familiar deprimente: Una madre judía, estrafalaria y tocada por un incurable mal anímico; repudiada por los vecinos, como ella repudia a su hija pequeña, por ser una hija que nació tras cuatro varones perdidos. Un padre al que todo el mundo adora, por buenazo, como él adora a su peculiar esposa, que vuelve moribundo de la Primera Guerra Mundial y fallece en casa, atendido hasta el último momento por su hija mayor, que es enfermera, bajo la atenta mirada de la pequeña e ignorado por su mujer, que no le perdona que eligiese ir a la guerra en lugar de quedarse con ella.


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No es de extrañar la crisis existencial que se adueña de las hermanas tras la pérdida del padre. Logran cobrar una herencia inesperada, dejan a su madre al cuidado de la criada y se van a Berlín, acogidas por la espléndida tía Fanny. Allí todo es lujo y desenfreno para Martha, la mayor, que se cuestiona la fe y el sentido de la vida y combate la apatía a base de drogas, fiestas y sexo con su amiga Leontine. Helene, por ser aún muy joven, es tratada de otro modo. Hasta que se empareja con un joven pensador.

Un giro tras otro nos lleva, de manera continua, a conocer a fondo a unas mujeres supervivientes, que quieren estudiar, ser independientes, aprovechar su tiempo y sus habilidades; que cuestionan el valor de la maternidad y del matrimonio, que se exploran (en todos los sentidos) y se apoyan unas a otras; que eligen la rama sanitaria como salida laboral en unos tiempos confusos, donde pocos prevén la catástrofe inminente, pues la mayoría pretende aferrarse a la grandeza de la nación y estirar los felices años 20 todo lo posible.

La historia es tremenda, con múltiples detalles acerca del retrato social de la época, de las relaciones entre hombres y mujeres, de las continuas adaptaciones a los cambios que se van llevando a cabo. No obstante, no me gusta el estilo narrativo con que está escrita. La autora ha recurrido a una narración continua, sin guiones y sin tiempo entre los diálogos, que no distingue a los personajes. Además, entremezcla recuerdos y referencias de otros momentos de manera constante, con saltos en el tiempo hacia delante y hacia atrás. Entiendo que es una forma muy certera de representar esos años convulsos pero, aun así, me desagrada esa sensación de “carta del soldado” que no da tregua.


Esto es todo. En los próximos días, estaré en Madrid. Así que, a la vuelta, hablaré del Digital Audio Day 2019, entre otras cosas. ¡Gracias por pasarte a leer!


https://www.digitalaudioday.es/