viernes, 27 de septiembre de 2019

Libros leídos en septiembre



Septiembre suele ser el mes en el que se me acumulan los compromisos anteriores al verano y las tareas pendientes, en general. Es inevitable, por mi parte, y empiezo a entender que a otras personas les debe pasar igual... Puesto que también se les ralentizan los proyectos que tenían conmigo. Una sigue escribiendo, corrigiendo, ideando y planificando, mientras salen las cosas.

Y leyendo.


1.- En el nombre del cerdo, de Pablo Tusset.

Este libro me lo prestó una amiga y se ha tirado unos meses en la lista de lecturas pendientes. Igual que «a todos los cerdos les llega su San Martín», a todos los libros apilados les llega su momento especial. Y vaya, me ha pillado el final del verano con ganas de una historia de psicópatas.

He disfrutado mucho de esta novela contextualizada en el cambio de milenio, con un comisario a punto de jubilarse, que no desea quedarse pasado de moda y, poco a poco, se va planteando ciertos cambios y transgresiones. Algunos con el permiso de su señora, ante la que le sale una vena muy entrañable.


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Me encanta cómo están construidos los personajes y cómo se dan las interacciones entre ellos. La relación entre T y Suzanne podría haber incurrido en tópicos, en cuanto Tomás se va de la lengua y le confiesa a su enamorada sus traumas de la infancia, atreviéndose a hablar de cosas que tiene muy enterradas. De no ser porque el Inspector Jefe de la Brigada Central de Homicidios le saca media vida y dos maneras diferentes de analizar las cosas.

Me gustan, también, el humor ácido que lo impregna todo, el contraste entre el Comisario y el agente encubierto y las múltiples referencias musicales, culturales, sociales y literarias, que ayudan a encuadrar la historia en el tiempo.

Mención aparte merece el pueblo ese extraño y misterioso, del que solo se intuye que ha de estar enclavado en una zona pirenaica. La variopinta parroquia, el ambiente ofuscado, la endogamia, las leyendas locales... Por momentos he regresado a mi primer verano en una aldea perdida del Bierzo Alto, donde he pasado algún que otro verano.


2.- Cinco panes de cebada, de Lucía Baquedano.

Otro de pueblos dejados de la mano de dios. Salgo del ficticio San Juan del Horlá y me adentro en Beirechea, Navarra. Este libro lo cogí prestado de mi herbolario de confianza, que es de confianza no solo por lo bien que me atiende la propietaria, sino por ese cesto lleno de libros para todos los gustos que me recibe nada más entrar.

Siempre me ha cautivado el hecho de que un personaje sea sacudido de su contexto habitual, para demostrar su capacidad resolutiva. Le aporta la ventaja de vivir más vidas de las que le tocan a quien se atrinchera en su zona de confort. Es ahí cuando se ponen a prueba su valía, sus habilidades. Y más en una profesión como la de maestra.




Me gusta cómo se retrata esa desconfianza típica de quien llega a un sitio que no conoce y, a la vez, de quien recibe a su alrededor a alguien que no conoce. Ese esfuerzo que deben hacer ambas partes por respetarse, conocerse, ayudarse, entenderse... Está bien reflejada la voluntad de la joven maestra, que tiene muy presente su infancia y tira de sus recuerdos para empatizar con su alumnado pero, por encima de su vocación, se deja ver todo el tiempo el deseo de sentirse útil.

Por otra parte, pese a que la obra tiene ya más de 30 años, esta cuestión de los maestros rurales sigue estando vigente. Se retrata una época en la que la tendencia era irse a la ciudad a prosperar, mientras que ahora hay una retirada de las ciudades; una vuelta a la vida tranquila y natural.


3.- La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. Traducción de Fernando de Valenzuela.

Recuerdo ver este libro anunciado por doquier, cuando era muy chica. Por aquel tiempo, no tenía muy claro el significado del concepto “levedad” pero, el título me conquistó. Desde entonces, han sido muchas las personas que me han recomendado esta lectura. Y, en unas de esas donaciones altruistas que hacemos los integrantes del Club de las Letras de Santa Fe, apareció un ejemplar. De modo que me lo pedí.

Entiendo perfectamente por qué me han hablado tan bien de esta historia: cuenta con un narrador que parece que lo sabe todo –no solo en cuanto a lo que a sus personajes se refiere, sino sobre la vida, en general– y con referencias constantes a la mitología y a la filosofía, así como al psicoanálisis.


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Kundera se muestra como el perfecto observador. Su historia sirve de excusa para cuestionar los preceptos de la religión. Las situaciones que describe mediante las interacciones de sus personajes, no son más que una manera de ayudarse a reflexionar sobre lo cotidiano. Algo tan mundano como las relaciones entre hombres y mujeres sirven de base para hacer un exhaustivo análisis social, político y filosófico de la vida. Muy necesario, por cierto, en esa época de represión intelectual que, como artista, le tocó vivir tras  la invasión soviética a la antigua Checoslovaquia. Así, deja constancia de las secuelas del socialismo inmovilista, de la Primavera de Praga, del exilio, de la degradación de un cirujano hasta convertirse en limpiacristales... Y los lectores se cuestionan desde la perspectiva de sus personajes, todas las posibilidades que se plantean –y las que no– como alternativas a cada final.



4.- «Elevamos sueños/Maldito escalón», microrrelatos seleccionados de los Premios IASA 2015-2017. Editado por IASA ASCENSORES.

Lo vi por la Biblioteca de Santa Fe y recordé que yo participé en la edición de 2017. Al leer a todos los finalistas de cada convocatoria, me doy cuenta que unos sintagmas dan más juego que otros. Al menos, me da la impresión de que los microrrelatos quedan más limitados y pobres, en general, si están condicionados por un sintagma con connotaciones negativas, en comparación con los que utilizan un sintagma que bien podría ser una promesa o un hermoso recuerdo.


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Y es que la condición para participar en el certamen, en ambas ediciones, era que en el texto apareciese el sintagma dado.


5.- Rosa candida, de Auður Ava Ólafsdóttir. Traducción de Enrique Bernárdez.

La primera lectura del Club de las Letras de Santa Fe prevista para este curso. Una de las compañeras nos puso los dientes largos al decir que ella ya había leído el libro este verano y que la autora había sido un gran descubrimiento para ella. Corroboro que yo también me he quedado con ganas de más.

Si bien es cierto que el libro presenta ciertas particularidades en la escritura –marca de la casa–, de manera que, a veces, junta dos ideas en la misma frase, las descripciones resultan fuera de lugar, o existe cierta confusión entre lo que dice un personaje y lo que responde otro, la historia es muy curiosa: un joven apasionado de la jardinería, se lanza a la aventura de intentar resucitar la mítica rosaleda de un famoso monasterio con el objetivo de entretenerse en hacer lo que mejor saber hacer, a la vez que reflexiona sobre su situación personal. Envuelto entre plantas, se siente cerca de su difunta madre, y trata de definir cómo percibe su reciente paternidad y la relación con la madre de su hija, con la que no sabe cómo relacionarse.


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Me ha encantado el personaje principal, Arnljótur, un joven islandés de 22 años que piensa constantemente en la muerte, el cuerpo y las plantas, según confiesa él mismo. Sus ideas, no obstante, van ampliando el cerco, según conversa con el padre Tomás, hasta que terminan centrándose en la familia, su responsabilidad como padre, el amor, la compañía. El muchacho habla latín y parece que está viajando por el sur de Europa, según lo que cuenta. Describe con precisión su tierra, su invernadero, todo lo aprendido gracias a su madre y la rosaleda del monasterio, pero en ningún momento da ninguna localización, ni referencia histórica o cultural.

El libro, que ganó cinco premios entre 2008 y 2011 –y resultó finalista en otros tantos– es un gancho en la mandíbula a las historias dramáticas. Casi con un planteamiento de novela juvenil, la autora cuenta lo preciso, según se le pasa al protagonista por la cabeza, directa y honesta. Tan carente de adornos como de cargas emocionales innecesarias, expone situaciones de gran crudeza contrapuestas a una ternura permanente, como la que destilan las conversaciones telefónicas con su padre, o las rutinas con su bebé.


Esto ha sido todo. ¡Gracias por pasarte a leer! 
Es posible que en dos semanas tenga alguna noticia que dar...


viernes, 13 de septiembre de 2019

Me vas a buscar la ruina


¿A quién no le han dicho eso alguna vez? A mí, desde luego, muchas. El problema comienza cuando no es una voz externa la que acusa, sino la propia.

Tras un primer arrebato de intuición, al que nunca haces caso, los golpes y las caídas se suceden de manera cíclica, hasta que aprendes a identificar los patrones. Así es como te sientes saturada, primero, y desbordada, después; hasta que dejas de lamentarte y aceptas que la única responsable de tu vida eres tú misma. En ese momento descubres tus habilidades y aprendes a prescindir de lo que te sobra.


Si estás en las mismas circunstancias y te apetece enfrentarte a tu impostora interior o, simplemente sabes de qué va la cosa, acércate. Podremos filosofar entre todos los asistentes.


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viernes, 30 de agosto de 2019

Libros leídos en agosto



Bueno, bueno... Parece que, tras un ajetreado julio y un convulso agosto, aún me quedan los primeros días de septiembre para intentar engañar al cerebro con la idea de que estoy de vacaciones. Sea como sea, a pesar de mis muy abundantes y variadas movidas, he conseguido rascar algunos ratitos para leer:


1.- «Tantrum», revista de relatos extraordinarios #1 y #2. Editado por Impresiones Privadas. Ilustraciones de Cristòfol Pons.

Me he tirado más de un año detrás de conseguir los ejemplares físicos de esta revista. De hecho los encargué el verano pasado en la librería Gigamesh... Y los recogí el mes pasado. Así que me hicieron el trayecto en ferry Ibiza–Barcelona la mar de amena.

La iniciativa me encantó desde el primer momento. Una revista cuatrimestral con tres relatos ilustrados y, de ahí en adelante, entrevistas y firmas invitadas. Un precio asequible, un diseño llamativo y un juego de mesa en la contraportada.


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Ya había leído algo de Santiago Eximeno, pero desconocía la obra de Tomás Rivera y de Sam G. C. –el resto del consejo editorial–, de modo que me apetecía indagar en sus páginas. El sabor de boca es agradable, sin duda. Y me consta que, a cada nuevo número, se van incluyendo nuevos extras en la revista. Me he hecho una idea del estilo de cada autor y, pese a que me gusta variar las lecturas, lo cierto es que me quedo con ganas de más.



2.- Preventorio, de Carlos Semper Revuelta. Ilustrado por Cecilia G. F.

Este libro ha sido un regalo que mi hijo ha recibido. Primero lo leyó él y, aunque se angustió mucho en algunos pasajes, me lo recomendó. Está claro que leer esto a los trece debe dar un poco de susto...


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A mi edad, no tanto. La historia está bien construida a nivel argumental y la edición de Dilatando Mentes entra muy bien por el ojo, con muchos detalles visuales y bastantes extras que aportan un valor añadido. No obstante, me resulta chocante que un libro tan trabajado por parte de la editorial, contenga tantos errores de puntuación y, además, tantas incongruencias en los tiempos verbales. Me explico: El autor alterna dos líneas temporales narradas en pasado pero, cuando la acción se pone candente, pierde el control y acaba relatando las escenas en presente. Entiendo que esas cosas suceden antes de una revisión profesional del manuscrito. Nunca después. La sensación, tras haber tenido durante días en las manos un libro tan cuidado por fuera, es agridulce.



3.- El corazón de la gacela, de Mari Luz Escribano.

Este libro ha sido la lectura poética conjunta del mes por parte del Club de Lectura Feminista y LGTBI “Lees Otras Cosas”, que organiza eventos estivales en el Camino del Avellano.




Escribano era una desconocida para mí y, con unos pocos versos, ha logrado meter su angustia de infancia perdida en mí, igual que lo hiciera Miguel Hernández cuando lo leía de pequeña. Directa y descriptiva, tira de sus recuerdos con naturalidad y crudeza. Me he hecho el propósito de conseguir su Sopas de ajo, texto autobiográfico, para conocer su entorno y su vida más en profundidad.


4.- «Magistral Sinfonía». Contiene los cuentos Las aves cantoras, de Josefina Arias y El gorrión y el canario, de Encarna Urbano. Ilustraciones de José Sánchez Moyano.

Lo conseguí en Marbella, de la mano de la misma Josefina, en la presentación de Las 23 Hojas del Mar. Me llamó la atención el estilo de las ilustraciones, que resultan muy vistosas y bien compuestas. De hecho, mi hijo –que tiene fijación por los pollos– se tiró a él de cabeza. Acostumbrado a meterse auténticos tochos, este librito le debió resultar un jugoso pasatiempo.




El gorrión y el canario me ha sorprendido por su moraleja. Es una historia muy sencilla que, a la vez, encierra múltiples lecturas.


5.- «Historias que no envejecen», de Mónica García Rodríguez.

Este es el cuarto libro que leo ya de Mónica. Lo adquirí cuando vino a Santa Fe a presentarlo y lo tenía a la espera del momento ideal. Conforme más la conozco a través de sus páginas, más me percato de su necesidad de contar historias; de retratar la realidad desde diversos puntos de vista y de dar prioridad a los detalles que suelen pasar desapercibidos.


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Retorcida, guasona, ocurrente, perspicaz, sensible, aguda y, ante todo, observadora, Mónica tiene razón cuando afirma que, de las 65 historias que conforman su antología de textos, seguramente haya una que te toque la fibra sensible o te resuene de alguna manera. A mí, Silencios de biblioteca me ha hecho sonreír, de lo mucho que me recuerda mi manera de analizar las cosas.



Y esto ha sido todo. ¡Gracias por pasarte a leer! Nos vemos el 25 de septiembre en el Camino del Avellano. Presentaré un trabajo poético y visual del que todavía no puedo hablar. Seguiré informando…



domingo, 18 de agosto de 2019

La escritora que vino del Mar



Hace tiempo que quiero hablar largo y tendido de Mónica García Rodríguez pero, como todo en esta vida, he tenido que esperar al momento adecuado. Nos vimos durante el puente de Andalucía, para empezar a cuadrar planes y organizar los proyectos con un poco más de cercanía.

¡Lo que nos ha cundido desde entonces! Ella ha culminado su obra y yo he estado ahí para facilitarle el tránsito de hojas con el Club de las Letras de Santa Fe. Como no podía ser de otra manera, le ha quedado un libro precioso:




El miércoles 14 de agosto tuvo lugar la presentación de esta disparatada fábula para todos los públicos en la Sociedad Recreativa y Cultural Casino de Marbella. Las 23 Hojas del Mar tuvo una excelente acogida. 



Con Jotta, el ilustrador, Mónica García Rodriguez, la autora,
y Josefina Arias, escritora. 
Foto de Miguel Rodríguez Rodríguez.


Tuve el inmenso placer de compartir mesa con la autora y con el ilustrador de la obra, Jotta, toda una celebridad en la ciudad. Su breve intervención, además, me llegó al alma, por todo el significado que fue capaz de dar a tan pocas palabras.



Con Antonio, el director de la SRC Casino de Marbella 
y Andrés, el editor de Ediciones Algorfa.
Foto de LV Mon Producciones.


Mónica desveló durante el evento los entresijos de su historia y explicó que ha decidido destinar sus beneficios de la venta a un proyecto estudiantil denominado La ola de los valientesuna comunidad de "Chavales que ayudan a otros Chavales". Dejo el enlace a su web:


Foto de José Quero.



Por mi parte, he contribuido en la obra con un prólogo que aporta respuestas al propósito de la autora, de contar con el club de lectura para compaginar su fábula fantástica con nuestros relatos. Asistí como representante del Club de las Letras para explicar los detalles de la colaboración entre ambas orillas.

El jueves 15 volví a acompañar a la autora en la Feria del Libro de Marbella. Fui testigo de lo muy querida que es Mónica.



Firma de ejemplares, en el estand de Ediciones Algorfa. 


Me ha encantado Marbella, pese al poco tiempo que he tenido de perderme por sus calles. Próxima parada para la presentación de Las 23 Hojas del Mar: Santa Fe, Granada.


La imagen puede contener: 15 personas, incluidos Erika Cipré y Monica Garcia Rodriguez, personas sonriendo, interior
Integrantes del Club de las Letras de Santa Fe 
durante la presentación del libro Historias que no envejecen.
Foto del tito Antonio.



Esto es todo. ¡Gracias por pasarte a leer! Volveré en 15 días con la lista de lecturas del mes.

miércoles, 31 de julio de 2019

Libros leídos en julio



Este ha sido el mes de los desplazamientos. No digo vacaciones, porque no es esa la idea cuando viajo. Tan solo ha coincidido que todos los pequeños viajes que he llevado a cabo por la península han tenido lugar casi de manera consecutiva. Vamos con los libros leídos durante los trayectos:


            1.- El Informe Monteverde, de Lola Robles. Ilustrado por Marina Vidal.

Compré este libro en el estand que AutoraZ montó en la FicZone del presente año. Desconozco cómo fue la primera edición pero esta, de Crononauta, ampliada e ilustrada, es de esas a las que mi hijo, con un brillante criterio, suele echarle el ojo... Me la leí en el autobús de Granada a Madrid. 

Narra la historia de una lingüista que es enviada al planeta Aanuk para que estudie la lengua y la cultura de sus habitantes. Rachel Monteverde se toma su tiempo para redactar su informe, que en el libro se alterna con una entrevista a posteriori de su investigación y con su cuaderno personal.

Hay muchos detalles que obligan a la reflexión. El tema de los prejuicios está muy bien tratado. Los aanukiens son un pueblo nómada que disfruta de su fértil planeta y de su lento desarrollo tecnológico. Los que han salido alguna vez de él valoran la interacción bulliciosa, por llevar una vida demasiado tranquila. Y quienes vienen de fuera ansían esa calma, debido a que su estilo de vida es más activo.


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Por otra parte, dos especies -en apariencia tan diferentes entre sí- como los aanukiens y los fihdia, se terminan complementando, al atreverse a razonar cuáles son sus puntos flacos y fuertes. Rachel se convierte en intermediaria entre unos y otros, conforme va conociendo las preocupaciones y los tabúes de cada cual. Y eso es algo que la enriquece personalmente a la hora de complementar su informe con sus notas privadas.

Magnífico el pasaje dedicado a las metáforas. Me encanta cómo la autora consigue plasmar la complejidad y la belleza de la lingüística, mediante un personaje tan activista y pacifista. Una maravilla de space opera que se lee de una sentada.


            2.- Consecuencias naturales, de Elia Barceló. Cubierta de Mercedes Palacios.

Este libro fue mi lectura para el estreno del AVE Madrid–Granada. También lo adquirí en el estand de AutoraZ en la FicZone. Conocía la preciosa cubierta original de la novela, publicada en 1994. Sin embargo, la actual también resulta muy atrayente, quizá más enigmática y adecuada al tono de sátira.

Y es que Elia aborda un tema peliagudo con cariño y pitorreo. Vale, el grueso de la historia se centra en ese problemilla que le ha sobrevenido al teniente Nicodemo Andrade, por ir de sobrado pero, la de críticas sutiles sobre la sociedad (desdoblada en dos especies) y el análisis de las cuestiones de orden social es apabullante: El transhumanismo como método de adaptación para favorecer la procreación en una especie que va camino de la extinción, la desesperación que se adueña de unos y otros por motivos de desconocimiento, el cambio de rol entre los géneros como principal causa de incomunicación, la confusión que genera la puesta en común de las distintas formas de expresión para un entendimiento pleno. Mientras los habitantes de Xhroll afirman ser exactos a la hora de usar las palabras, los humanos siguen apoyando su lenguaje oral en la expresión gestual y los dobles sentidos.


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Charlie Fonseca, personaje ambiguo y polivalente creado para confundir a los de aquí y a los de allá, es la pieza clave que deriva el meollo que ha estado a punto de crear un conflicto diplomático en un final muy bien resuelto, tan sencillo como complejo. Yo haría de este libro una lectura obligatoria en clase de filosofía. Si es que todavía existe esa asignatura.


3.- El vals de las hadas malditas, de Gabriel Sánchez García–Pardo. Portada de Alicia de Andrés.

Descubrí al autor en una visita que hizo a Granada, cuando el exitoso tándem Campbell–Cotrina vino a presentar Crónicas del Fin. Una grieta en el cielo. Desde entonces, le sigo el rastro. De modo que, cuando volvió a Granada para presentar este libro, allá que fui. Me ha acompañado durante el trayecto del AVE Granada-Barcelona y durante mi estancia en la ciudad condal.

«Noche eterna» me resulta la expresión para maldecir más elegante que he leído jamás. Muy acorde con el contexto de la historia, por supuesto. Ojalá yo fuese igual de fina...


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Este es el típico libro que, si lo lees de muy joven, lo recuerdas a lo largo del tiempo. Posee un narrador cómplice que deja caer comentarios anticipativos, para apoyar las escenas de acción, y unos personajes entrañables. La fórmula de aunar fantasía oscura y novela policíaca funciona. Al final, el juego detectivesco queda bien atado y resuelto. No obstante, a mayor edad, el lector conoce más trucos, con lo que es más difícil de sorprender. A mis casi cuarenta, por eso, me fijo en otros detalles, como la composición teatral que impregna cada una de las escenas. Y todos los valores añadidos que aportan personalidad propia al libro, como la partitura del vals y el booktrailer promocional que el autor ha colgado en su web.

Me gusta lo bien que se retrata a nuestra raza. Quizá con demasiada exactitud, incluso. Detalles como decir «el hombre» en lugar de «la humanidad», a estas alturas de la precisión en la escritura, me sacan del libro de un revés y me hacen chasquear la lengua. La insistencia en mostrar o insinuar que cada hombre malvado que aparece aproveche para violar o intentar violar a una mujer, también acaba resultando previsible. Pero no deja de reflejar lo que hay. Son esas cosas que me llevan a cavilar.



4.- Izahi, a tus hijas, de Laura S. Maquilón. Portada de Orchikoi.

Había leído algo de Laura, sin ponerle cara. Mi religión me obliga a asistir a las presentaciones literarias que se me ofrecen en bandeja. Es por eso que ahora que he tenido el gusto de escucharla en directo, empiezo a diferenciarla con más exactitud de otras autoras jóvenes que me gustan. Esta novelette me acompañó en el ferry nocturno de Barcelona a Ibiza.


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Esta es una historia de adolescente. Las reconozco sea cual sea su contexto pues, la adolescencia fue una época crucial, para mí. Me dio para sentar todas mis bases. En este texto, queda plasmada la importancia de la amistad.

Ambientada en un solo día, se cuenta la situación de la joven Saha, atrapada en su miedo a cambiar la situación que la asfixia; en su miedo a no ser importante para los demás; en su miedo a comunicarse con otras; en su miedo a ser juzgada... El caso es que, en un solo día, su vida da un vuelco absoluto.


¡Esto ha sido todo! Gracias por pasarte a leer. Nos vemos en Marbella la próxima quincena; estaré acompañando a  Mónica García Rodríguez en la presentación de Las 23 Hojas del Mar, su nuevo libro.


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martes, 16 de julio de 2019

Hallelujah



El 10 de julio tuvo lugar en la librería Gigamesh de Barcelona la presentación del libro Izahi, a tus hijas, de Laura S. Maquilón.

De estas veces que digo: «Ojalá hubiese una presentación literaria esta semana en Barcelona. Ya que voy a estar por aquí...». Y en ese momento veo el anuncio por twitter. «¡Anda; mañana tengo la tarde libre!», pensé a continuación. Y todo fue un cúmulo de buena suerte, porque la presentadora del evento era Carla Bataller: Mira por donde, me había traído de Granada mis ejemplares de Binti y Binti: Hogar, de modo que le pregunté a mi hijo, que es muy fan de la saga, si le apetecía que la traductora nos los firmase. Él, que se apunta a cualquier fregado, se entusiasmó con la idea. Todo redondo, vaya.




Como pillamos la Gigamesh una vez al año, salimos de casa con tiempo para poder husmear a placer cada recoveco. A la hora prevista, nos sentamos en primera fila. Junto a Coral Carracedo, para más señas, a la que oí como les decía a las protagonistas «¡Faraonas!» justo antes de empezar.

Tuvo lugar un debate muy gracioso sobre el uso de la hache. De hecho, con un poco más de tiempo hubiese dado para tratado. La autora se encandiló con el tema y nos dio que pensar sobre la hache muda y la hache aspirada. Resumo el asunto diciendo que Izahi, así como el resto de nombres con hache intercalada que plantea a lo largo de su novelette, se lee con hache muda




Hablando de novelette, este es un tema candente también. Estamos viviendo un proceso de –no sé muy bien cómo denominarlo– adecuación de las preferencias de formato en las convocatorias y las editoriales de cara a la publicación. Si bien hasta ahora se estilaban las convocatorias de relatos, en unos pocos meses se está notando el auge de las novelas breves y textos leves.




Y, en un abrir y cerrar de ojos, nos metimos de lleno en el activismo literario feminista. Las  tripulantes de La Nave Invisible compartieron datos sobre la productividad femenina y feminista, y sobre la importancia de practicar el activismo en comunidad. Laura confesó que la historia de Izahi, a tus hijas partió de su propio camino en la búsqueda personal de su voz feminista y que se obró el portento del proceso creativo gracias a que el tema Hallelujah, de Leonard Cohen, sonó en bucle en todas las versiones conocidas. Nos recomendó, de paso, a Kameron Hurley, Becky Chambers, Felicidad Martínez y Rocío Vega; cuatro autoras a las que sigo pero que todavía no he leído. 




Al final, salimos tan contentos. El libro ha llamado la atención de mi hijo, como era de esperar. Quien, por cierto, se sintió genial por que la autora nos regalase un marcapáginas a cada uno y por poder elegir el tamaño de la hoja del sello. ¡Bueno! Y, aunque siempre me dice que le da vergüenza hacer comentarios en público, tuvo el valor de decirle a Carla que habíamos traído los libros para que nos los firmase...




Además, ¡tuve ocasión de saludar a Celia Corral-Vázquez, a la que conocí en Valencia, durante la presentación de Terroríficas en el Golem Fest!




¡Esto es todo por hoy! Me voy a trabajar a Salines, la tienda de ropa y decoración más bonita de Formentera. Mira en la cuenta de Instagram @salines_boutique_formentera si hay algo que te guste. ^^




En quince días nos vemos con la lista de lecturas del mes. ¡Gracias por pasarte a leer!


miércoles, 10 de julio de 2019

Cuestión de orden y desorden: Un podcast pendiente.



El 23 de junio me fui a Madrid, a visitar a mi amiga Arancha San Ginés, con toda la ilusión de quien nunca ha puesto los pies en la capital, haciendo caso omiso a los comentarios positivos, negativos y neutrales, pues nunca me dejo influenciar por las palabras, sino por las sensaciones. El objetivo principal era ponernos al día de nuestras respectivas creaciones más recientes. 

Te dejo un fragmento de una de sus primeras ficciones sonoras como autora, para abrir boca:

https://youtu.be/xQGW4Ppq_RU 

Arancha y yo fuimos compañeras de doblaje, durante el segundo y tercer curso, en la Escuela Remiendo de Teatro y Doblaje de Granada. Hemos compartido risas, nervios, tensión, silencios, llantos, ficciones sonoras, takes, animatics, voiceovers, improvisaciones, pruebas para publicidad, guiones propios y ajenos, dirección y órdenes ante el atril y muestras sonoras ante el público; como también confidencias y cervezas tras las clases.

                 Muestra de fin de curso de Remiendo en el Teatro 
                 José Tamayo de Granada. Primavera de 2016.


             Taller de audiodrama con Federico Volpini en La Térmica, de Málaga.
              Primavera de 2017.


Fue así, a base de rodarnos codo con codo, como aprendimos a pillarnos el punto la una a la otra. Ella, tan exigente y autocrítica, lo tenía todo clarísimo en su cabeza a la hora de solicitar colaboradores para sus múltiples proyectos y yo –pese a ser la última en la lista de candidatos a colaboradores, debido a mi sordera– parecía entender su modus operandi como nadie y acabé siendo la única capaz de darle lo que ella quería. De ahí surgió un hermoso proyecto, que consistió en elegir los poemas más contundentes del Romancero Gitano de F. Gª Lorca e interpretarlos a dos voces.

             A posteriori, Arancha realizó el diseño sonoro y creó su canal de ivoox, donde se pueden admirar ese y otros trabajos:


¿Cómo dos personas en apariencia tan diferentes pueden llegar a congeniar tan bien en lo personal y en lo profesional? A base de intercambiar puntos de vista sobre cualquier cuestión, acordamos que la gente desordenada suele tener su mundo interior perfectamente clasificado, con cada idea en el cajón pertinente y que, por el contrario, las personas que mantienen su espacio limpio y organizado, por dentro son un hervidero de dudas y caos. No sabemos si eso tiene algo de cierto, aunque la explicación nos satisfizo a las dos por igual. Y da para un relato, o un audiorrelato.

Volviendo al presente: Queríamos aprovechar al máximo mi visita a la ciudad, de modo que Arancha propuso apuntarnos al Digital Audio Day 2019, un congreso que prometía darnos algunas claves sobre el submundo creativo de la radio. Pese a que no fue exactamente lo que imaginábamos, lo cierto es que algo aprendimos. Sobre todo, esa parte final, denominada networking, suele ser muy útil.


 De izquierda a derecha: Carolina, Cristina, Erika y Arancha.
                 Digital Audio Day 20019, Madrid.


Allí tuve el gusto de coincidir con Cristina, una amiga de Arancha. Una de estas mujeres todoterreno, emprendedoras, con miles de ideas en la cabeza -todas muy claras, a punto de ser ejecutadas-, y con experiencia como editora literaria. ¡Lo que voy a aprender de ella!

Y con Carolina Abad Jara, alias Pez Papaya, storyteller, creadora de contenidos y editora que nos habló de su podcast Perder el nombre, un proyecto sobre activismo creativo y sociedad contemporánea, que plantea muchos retos cognitivos.





¡Os deseo mucha suerte!

Volviendo a Arancha, me gusta tanto escucharla. Desde que llegó a clase, con su determinación de hacer radio, de aprender a escribir, a usar los mandos, a redactar y editar, a atreverse con cualquier reto que nos planteasen; y, sobre todo, con esa voz tan seductora, supimos que llegaría lejos. Que aún falta, vale. Que va por el buen camino, también. Este año lo ha pasado en Madrid, precisamente, realizando un Máster de Radio que le ha reparado muchos retos, mucho trabajo con sus prácticas en Onda Cero y muchas recompensas. 

Se sigue considerando una aprendiz y le gusta aprender de todo. Y lo que más la engrandece es que, cuando dice que aprende de cualquier persona, lo dice en serio. El orden y el desorden se compenetran desde el inicio de los tiempos y nosotras nos seguimos la pista de cerca, la una a la otra. Ella me aconseja sobre la parte técnica de mis grabaciones -escasas, por cierto- y yo miro con lupa la parte escrita de las suyas. Pero no pienso irme de la lengua. Su próximo trabajo será un bombazo; lo sé. Y seguro que no te enterarás gracias a mí.


Eso sí; lo más llamativo que te puedo contar es que es una de las locutoras fichadas recientemente por Terror y Nada Más:

https://t.co/PnSskt1Lkp


En cuanto a Madrid, ¿qué me ha parecido la ciudad? Una pasada. Me ha dado para visitas culturales, conciertos, largos paseos por las zonas más vistosas y chapuzones en la piscina. Estoy encantada con la experiencia. Además, he vuelto la mar de contenta por estrenar por fin la línea del AVE Madrid–Granada, de modo que, es muy posible, que pronto vuelva.


Me voy corriendo, que esta tarde hay evento literario. Y, ya que me encuentro en la Ciudad Condal con mi familia, no me lo puedo perder.




¡Gracias por pasarte a leer! Hasta la semana que viene.